Nada es para Siempre
La tarde se esfumo minuciosa y furiosamente ante la mirada inquieta de Cesar, que se encontraba fumando lentamente a la entrada de la estación San Pedro de los Pinos. Fumaba a pesar del asma, que de cuando en cuando le venía a recordar lo obvio, fumar no era una opción. Lo sabía y lo entendía, pero aun así, ciertos días decidía cometer el error a propósito. Su condición de viajero en el tiempo no lo hacía inmune al error, por el contrario, parecía disfrutar de cada mala decisión. Como aquella tarde en que la tos lo delató en Ñacangüazú y le costó la vida. Sin embargo, la tarde a la que hace referencia este relato no tiene que ver hechos históricos. Entre cada bocanada, Cesar se dio a la tarea de meditar sobre la prisa y la velocidad con la que siempre se vive y que impide reflexionar en lo simple de los pequeños detalles, en lo poco probable que resulta que nos pasen cosas inverosímiles y en la postal fotográfica que cada persona representa. Cosas sin importancia en las...