Ya no te espero
Ana Sofia cerró los ojos, con la esperanza de que al abrirlos todo formara parte de un mal sueño. Luego abrió la gaveta donde guardaba papel, pluma y algunos artículos de papelería que le tenían permitidos. Tomó una hoja y el bolígrafo de tinta azul que tanto le gustaba, se sentó a la mesa de su escritorio y se dispuso a redactar su despedida. Se trataba de un acto de desahogo personal, más que una misiva con destinatario conocido. Un pendiente que llevaba meses masticando y que le despertaba abruptamente todas las noches. Prendió la luz de la lampara, se sentó tranquila y decidida. Luego empezó a redactar: Querido, he llegado a comprender que ya no te espero. Mi vida se ha convertido en una sucesión de mañanas solitarias, donde cada sorbo de café sabe a nuestra nostalgia. Anhelaba ese pequeño espacio de tiempo, donde al amanecer compartíamos algo tan simple como el desayuno. Pero ya entiendo que eso es un acto egoísta de mi parte hacia tu propio tiempo. Recuerdo aquellos días en q...