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Manual de aforismos para un derrumbe

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Nota del autor: para poder disfrutar de este cuento de manera correcta, se sugiere colocar como música de fondo, el siguiente tema:   https://music.youtube.com/watch?v=FvHD20elzjs&si=DWTTgML_A-0vKOjL No hay nada más poderoso para la memoria, que aquello que es evocado mediante el olfato: un perfume, las cosas guardadas, los hechos que ocurrieron en un espacio de la infancia o la cercanía de la piel, de quien hemos decidido, estúpidamente, amar. El vapor del expreso asciende como una verdad breve —todo lo que asciende se termina por disiparse— y él lo observa con la disciplina inquietante de quien aprendió de su profesión, que no hay manera de evitar los derrumbes interiores. La cafetera gime y el departamento se llena de humedad y silencio, que respira como un animal encerrado; vivir solo es escuchar cómo envejecen las cosas.   Tranquilo y errante, Mendiola apoya las manos en la barra del desayunador—la arquitectura empieza por sostenerse a uno mismo— y piensa que hace v...

Auscultar la Ausencia

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Desde hace un par de semanas, tenía la sospecha de estar atendiendo a gente sin vida, personas ajenas a esta dimension que por alguna razon decidian visitarlo, muchas veces sin ser concientes y otras tantas siéndolo. No era una intuición súbita ni una revelación mística, sino una certeza que se le iba acumulando como el polvo en los rincones: silenciosa, persistente, imposible de ignorar; los pacientes hablaban con una calma impropia del dolor, sus pulsos eran erráticos o absurdamente exactos, y al despedirse dejaban tras de sí un aire frío, administrativo, como si ya no pertenecieran al mundo de los trámites humanos. El consultorio del doctor Villavicencio —un hombre solitario, culto hasta el exceso, especialista en cardiología— parecía reforzar aquella sospecha: un espacio estrecho y pulcro, iluminado por tubos fluorescentes cansados, con diplomas alineados con obsesiva simetría, libros subrayados en varios idiomas y un reloj que avanzaba con una lentitud casi ofensiva, s...

Manual de vuelo para oficinistas

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Siempre he pensado que las mañanas grises son un mal augurio, un recordatorio celestial de que la vida urbana es un campo minado, y hoy no fue la excepción. La lluvia golpeteando en los cristales de las ventanillas y los charcos multiplicándose  en el asfalto, anunciaban el desastre, como si la ciudad quisiera ahogarse a sí misma.  Antes de comenzar la travesía, revisé mi celular, las noticias pronosticaron mal clima, e incluso, el aeropuerto tuvo que cerrar sus operaciones por unas cuantas horas, causando caos y pánico entre los viajeros. Una vez que confirmé mis sospechas sobre el largo y tedioso día que me esperaba, me resigné y no les di mayor importancia, por el contrario, me apresuré a tomar mi lugar y clavé la mirada en un horizonte gris y melancólico.   El inicio del viaje fue brusco, como si el personal al mando hubiera tenido deudas pendientes con toda la humanidad y, para vengarse, quisiera separarse del suelo con un gesto suicida. Yo iba incómoda, mirando...

Códigos de la última resistencia

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A nadie le sorprende que se llame Estefanía, aunque en la cuadra todos le digan Fani, como si el nombre largo no fuera compatible con las casas de lámina oxidada, los perros flacos y las banquetas rotas de la colonia Benito Juárez, allá por Ciudad Neza. Nació en el 2004, un año sin historia, en una casa con goteras y olor a gas LP, con una madre que vendía gelatinas en la secundaria y un padre que desapareció antes de que pudiera aprender a escribir su nombre. Desde niña mostró algo raro: una facilidad incomprensible para entender lo que los demás apenas sospechaban —como si dentro de esa cabeza, hubiera un sistema operativo más moderno, más limpio y más rápido que cualquier otro. A los trece ya reparaba celulares ajenos por cien pesos y, aunque comía frijoles con arroz seis veces a la semana, navegaba entre algoritmos como si fueran canciones. Una mente prodigiosa que ahora estudia Ingeniería en Computación en la FES Aragón, ida y vuelta en combi, siempre leyendo cosas que...

Ciudades Rotas

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El timbre del teléfono rompió la monotonía del amanecer en la Unidad Habitacional El Rosario. Manuel abrió los ojos con un gesto de fastidio y tanteó el buró hasta encontrar su celular. La pantalla marcaba las 6:00 AM. Contestó sin ver el nombre del contacto, pero reconoció al instante la voz ansiosa de su amigo Julián. “Necesito que me hagas un paro”, dijo sin preámbulos. Manuel se sentó en la cama y se frotó el rostro. Afuera, el resplandor naranja del amanecer apenas se filtraba entre los edificios de concreto, y el rumor de los primeros camiones y vendedores de tamales comenzaba a llenar el aire. “¿Qué pasó?”, preguntó, pero Julián evadió la respuesta. “Pásame a buscar. Te veo donde siempre, en Calzada de las Armas y San Agustín. Es urgente”. Manuel suspiró, sabiendo que discutir con su amigo sería inútil. Se levantó, se lavó la cara con agua fría y salió del departamento con la sensación de que este martes sería todo menos normal. Manuel bajó las escaleras del edificio con el ce...

Entrevista con la Ausencia

  Él y yo teníamos años de no vernos y una larga colección de momentos que habíamos compartido mutuamente. Fueron muchas las noches en que me acompañó, sin embargo, harto de la sociedad que habíamos formado, fui yo el que decidió alejarse de su compañía. Principalmente porque empecé a tener serias dudas de su existencia. Por un momento de mi vida pensé que nuestra relación se había terminado, pero de unos días para acá, sus constantes apariciones me ponían nervioso, hasta el punto de colmarme la paciencia. -        Hijo de la gran puta – Pensaba yo al verlo.   Me buscó en el hospital, pude verle varias veces en la mirada de los infelices a los que mis habilidades no pudieron ayudar. Pude verle también en el metro, siguiendo mis pasos de cerca, respirándome con su aliento de azufre. Inclusive, llegó a abordarme personalmente en las escaleras del edificio donde habito. Cansado de todo esto, recuerdo perfectamente el día que le acepté su úl...