Manual de vuelo para oficinistas
Siempre he pensado que las mañanas grises son un mal augurio, un recordatorio celestial de que la vida urbana es un campo minado, y hoy no fue la excepción. La lluvia golpeteando en los cristales de las ventanillas y los charcos multiplicándose en el asfalto, anunciaban el desastre, como si la ciudad quisiera ahogarse a sí misma. Antes de comenzar la travesía, revisé mi celular, las noticias pronosticaron mal clima, e incluso, el aeropuerto tuvo que cerrar sus operaciones por unas cuantas horas, causando caos y pánico entre los viajeros. Una vez que confirmé mis sospechas sobre el largo y tedioso día que me esperaba, me resigné y no les di mayor importancia, por el contrario, me apresuré a tomar mi lugar y clavé la mirada en un horizonte gris y melancólico. El inicio del viaje fue brusco, como si el personal al mando hubiera tenido deudas pendientes con toda la humanidad y, para vengarse, quisiera separarse del suelo con un gesto suicida. Yo iba incómoda, mirando...