Detente, Sombra, de Mi Bien Esquivo
“Detente, Sombra,
de Mi Bien Esquivo”
Conocí los
escritos de Sor Juana en la secundaria, mil novecientos noventa y tantos, no
viene al caso la fecha exacta, entonces
teníamos un taller de redacción con el profesor Pacheco, quien según se decía,
era sobrino de José Emilio, nunca supe si era cierto o no, me gusta creer que sí,
no viene al caso dudar de las memorias, sobre todo por la gran admiración que
le tengo al autor de las Batallas, del Viento Distante, del Nuevo Álbum de Zoología,
del Principio del Placer, de Morirás Lejos o la Sangre de Medusa, y aunque no
es necesaria ninguna presentación, sí es pertinente mencionar que si ve un
libro de Pacheco, no lo dude, cómprelo de inmediato, léalo y déselo a leer a
sus hijos, hermanos, padres, amigos, todos.
Usted aun no
lo sabe, pero fiel a mi costumbre, me estoy desviando, porque este relato no se
trata de la perspectiva irrecuperable de José Emilio, no viene al caso explicar
las razones, ya volveremos con él en otra ocasión y por el momento nos
ocuparemos de Sor Juana, a la cual decidí conocer en persona para platicar con
ella. Supongo que sí, me volví loco o tomé conciencia, piense usted lo que
prefiera.
Le cuento, después
de una semana de locos, en la que no pude tomar la pluma, hice un espacio en la
agenda y me puse en contacto con su representante, un par de llamadas y varios
intentos, pero al final logré citar a Juana Inés de Asbaje y Ramírez, en la
Plaza Manuel Gamio, junto al templo mayor, por lo que, sin mayores preámbulos,
les comparto el registro de la grabación del día de nuestra cita:
-
Prueba de grabación…
prueba de grabación, martes veintinueve de marzo de dos mil veintidós, nueve
con cincuenta y siete de la mañana… probando, probando… uff, no le cambié las
pilas, me lleva…
-
…
-
A ver si ya… prueba,
prueba, martes veintinueve de marzo, diez de la mañana, prueba de grabación, que
tal, llegué treinta minutos antes de lo pactado para tener todo listo, desde la
grabadora hasta mis nervios, caray, no siempre se tiene la oportunidad de
coincidir con personajes de tal envergadura… ¡pinches pilas otra vez!
-
Probando, probando, diez
de la mañana con once minutos, me sudan las manos ¿Dónde hay un baño?...
¡señito! ¿dónde hay por aquí un baño? ¡chin! deje apretado el botón, qué
pendejo…
-
…
-
-
Prueba final, ya casi
es hora, diez de la mañana con veintiséis minutos, prueba tres, todo en orden y
apunto de subir el telón…
-
…
-
Diez de la mañana con treinta
y cinco minutos, Sor Juana no ha llegado, espero que todo esté bien, según su
representante vendría desde Amecameca, lo que no me dijo es cómo vendría, no
debe de tardar, aunque bueno, ella no conoce muy bien el mapa actual de la
ciudad de México y yo estoy hablando solo, es muy probable que…
-
¡El Dios de la piedad
le de los buenos días! ¿Caballero Erick Guevara?
-
¡Sí, que tal, soy yo!
o más bien no, ósea, sí pero no…
-
No le comprendo amable
cortesano.
-
Claro, perdón, quiero
decir que Erick Guevara es mi álter ego, perdón, perdón, me puse nervioso ¿Le
puedo saludar de mano?
-
“Todos son iguales
jueces” adelante, tome usted mi mano.
-
Gracias, gracias de
verdad, es que… bueno, le agradezco que acudiera a la cita, por un momento
pensé que talvez se hubiera perdido.
-
“No voy muy
descaminada; escuchad, señor, os pido: que en escuchar un informe consiste un
recto juicio”.
-
Esto va tener una
complejidad mayor para mi entendimiento Madre, lo bueno es que ya está usted
aquí.
-
Pues “¿qué diré, si el
delito pasa a ofender el respeto de un sol, que llamarlo sol, es lisonja del sol
mesmo?”
-
No comprendo Madre…
-
Que me explique el
motivo de nuestra reunión noble caballero.
-
¡Claro! que obtuso de
pensamiento, sí, mire Madre, la he citado aquí con un par de objetivos… El
primero conocerle, de verdad es un honor, el segundo llevarla de paseo por algunos
sitios de la ciudad…
-
¡Qué dadivas tan
generosas! ¿y el tercero?
-
Me tomé la libertad de
plantear cinco preguntas que quisiera hacerle mientras caminamos por el centro
de la ciudad, he preparado un recorrido para mostrarle cosas que no le tocaron
ver o la evolución de otras que sí, en cada lugar nos espera una pregunta.
-
“De los celestiales ejes
el rápido curso fija, y en los elementos cesa la discordia nunca unida” acepto
su propuesta noble caballero, “Aquí estoy a vuestros pies, por medio de estos
cobardes rasgos, que son podatarios, del afecto que en mi arde”.
-
Gracias, ya estoy
menos nervioso, vamos entonces…
-
“Dejo ya vuestros elogios
a que ellos solos se expliquen: pues los que en sí sólo caben, consigo solo se
miden”.
-
Ya veo…
-
(Sonidos de organillo,
ambulantes y merolicos)
-
Ya estamos aquí Madre,
el primer lugar que quisiera mostrarle es el templo mayor de los Mexicas, si
usted me lo permite contare una brevísima reseña; lo que vemos son los restos
del centro de lo que alguna vez fue la ciudad sagrada, que aguardaron varios
siglos hasta que los descubrieron en mil novecientos setenta y ocho los
trabajadores de la compañía de luz, luego el arqueólogo Eduardo Matos dirigiría
las excavaciones que finalmente lo liberarían de su exilio subterráneo.
-
¡Qué maravilla! Don
Carlos de Sigüenza ya me había platicado de su existencia, pero en mi tiempo
todo era una especulación, recuerdo algunos textos, los Jesuitas me los
quitaron, oh, tiempos aquellos… De este lugar te puedo decir que; “somos
perecederos, somos mortales, déjennos pues ya morir, déjennos ya perecer,
puesto que ya nuestros dioses han muerto”.
-
El Coloquio de los Doce…
-
Así es estimado y
noble caballero, hábleme sin grima “con necia agudeza, con cuerdas palabras, acciones
contextas… ¿cuál es su primer cuestionamiento?
-
Bien, muy bien, he… fuiste llamada la Doncella
del Verbo ¿Cómo nació tu amor por escribir?
-
“Oh cuanta fineza, oh cuantos cariños he visto
tiernos” … Dejadme pensar… Nació de la necesidad imperante de “que me pudieran
oír con los ojos, ya que están tan distantes los oídos, y de ausentes enojos en
ecos de mi pluma gemidos… Óyeme sordo, pues me quejo muda”
-
Entiendo Madre, en ese aspecto los tiempos no
han cambiado mucho.
-
“Hasta el labio desatento suele, equivoco, tal
vez, por usar de la altivez encontrar el rendimiento”, llámeme Juana Inés,
piérdame el miedo noble “Parlero”.
-
Eso me parece muy bien Juana Inés, además
rompe el hielo entre los dos y me permite disfrutar mucho mejor esta oportunidad,
le propongo terminar de recorrer el sitio para que luego me acompañe al segundo
sitio.
-
Tiene usted mi venia, hágame
el honor.
-
(Sonidos de motores,
cláxones, bullicio citadino)
-
Pues bien, ya estamos
aquí, le presento el fabuloso Mercado de San Juan, creo que lo va encontrar
deslumbrante por toda la riqueza que en un momento le mostrare, pero antes
déjeme decirle, sus inicios se remontan a épocas donde la comunidad indígena estableció
en el barrio de San Juan
Moyotlan, un mercado primigenio durante el siglo dieciséis, comenzó siendo un lugar de desorden donde la trasgresión mandaba; para mil ochocientos cincuenta, las autoridades en turno a cargo de Santa Anna lo pusieron en orden, o
eso trataron, después le tocó una remodelación por parte del presidente Diaz
e incluso el barrio vio la llegada de exiliados del Franquismo Español, todo
esto lo ha nutrido de una enorme mezcla cultural, que lo hacen imperdible y
unos de mis lugares favoritos del centro. Lo elegí en alusión a su faceta
gastronómica, incluso debo contar que la selección de recetas que usted
realizó, sigue siendo son todo un éxito y aun las podemos encontrar publicadas
en varios sitios ¿Qué le parece Juana Inés?
-
Tenía mucho tiempo de
no percibir un olor así querido Parlero, y ya te lo digo “Yo no estimo tesoros
ni riquezas” pero observar la fruta, la carne, las mercancías de ultra mar y los
colores me hacen sentir en casa, llena de vida, pues bien podría encontrar en
estos comercios lo necesario para preparar un buen “mole manchamantel, clemoles
oaxaqueños o buñuelos de requesón” …
-
¡Me da mucho gusto su sorpresa Juana Inés!
-
“Lisonjeada, oh, hermano, de mi amor propio… ¡qué
locura!” decirme pues ¿cuál es la segunda cuestión en este sitio de encanto?
-
Por poco lo olvido, tiene
razón. La siguiente pregunta es totalmente relacionada al tema y a la atmosfera,
dígame ¿su alimento favorito?
-
¡Parlero y glotón! no
sabría decirle a usted, pero si le aseguro que los “Buñuelos
de viento, el ante de mamey, el turco de maíz cacahuazintle y el dulce de
jericaya” ¡bien los recuerdo entre mis preferidos!
-
Nunca los he probado,
pero espero tener el gusto en mi paladar algún día, le dejo caminar Juana Inés,
luego nos vamos a la próxima parada.
-
Sin dudarlo Parlero
“No sé con qué destino prodigioso volví a mi acuerdo y dije; ¿qué me admiro? ¿quién
en amor ha sido más dichoso?” andando pues.
-
¿Siempre hablas en
verso?
-
¡Siempre!
-
(Pásele, Pásele, de a
cincuenta el kilo, llévele, llévele)
-
Llegamos, me perdí un
poco, pero ya estamos aquí… su convento, San Jerónimo, no podía omitirlo
porque…
-
No hace falta me dé razón
alguna, oh amigo Parlero, son más que obvias, yo “diera saltos de contento,
aunque éste es un regocijo de maromero” le propongo que visitemos el patio
principal, no así las celdas, no me apetece estar ahí.
-
Como guste Juana Inés,
evidentemente omitiré la historia del recinto porque nadie mejor que tú la
conoce.
-
“También es vicio el
saber, que, si no se va atajando, cuanto menos se conoce, es más nocivo el
estrago”, concuerdo con usted, los detalles aquí son sutiles y vanos, no así la
curiosidad que le inunda ¿qué quisiera saber de mi en este momento, compinche
del verso y el andar?
-
Espero no ofender con
lo siguiente Juana Inés.
-
“Todos aquellos que se
eligen por algún medio para algún fin, se tienen por de menor aprecio que el
fin a que se dirigen” espero no ofenderme…
-
Me están sudando las
manos otra vez, pero bueno, más que una pregunta, quisiera que me dijera lo
primero que le viene a la mente cuando le mencione un nombre…
-
“Hasta el saber cansa
cuando es saber por oficio” no lo dude más, lo estoy esperando.
-
Está bien, aquí va;
María Luisa Gonzaga Manrique de Lara.
-
(Silencio en el
convento) …
-
¿Juana Inés?
-
“Pues desde el dichoso
día que vuestra belleza vi, tal del todo me rendí, que no me quedó acción mía. Con
lo cual, señora, muestro, y a decir mi amor se atreve, que nadie pagaros debe, que
vos honréis lo que es vuestro” y ni una palabra más al respecto. Además,
aprovecharemos para disfrutar del brevísimo instante del eco del pasado.
-
Comprendo, le daré un momento
a solas.
-
…
-
“Detente, sombra de mi
amor esquivo” … Estoy lista y famélica.
-
Excelente, porque la siguiente parada es para
tomar nuestros alimentos, acompáñeme.
-
"Y aunque es la
virtud tan fuerte, temo que tal vez la venzan, que es muy grande la costumbre y
está la virtud muy tierna”
-
A veces no le
entiendo, tendrá que disculparme Juana Inés.
-
¡Vayamos por la comida
y dejémonos de charla!
-
(Incesante emanar de
contaminación auditiva, decibeles tras decibeles)
-
Pues aquí estamos, el Café
Tacuba, famoso por sus viandas y sazón especial, por su chocolate y pan dulce,
por su…
-
Mucha labia y poca
acción Parlero, procedamos a los alimentos, que a buen puerto llegaremos si
vamos satisfechos.
-
(Atmosfera de restaurante)
-
Tengo otro nombre para
ti Juana Inés
-
Adelante, que tu
silencio se pierda entre las paredes de este viejo edificio.
-
Sí, muy bien, sé que
no te va a gustar, pero dime que piensas al escuchar el nombre de Francisco
Aguiar y Seijas.
-
Además de Parlero ¡Lisonjero!
-
No tiene que contestar
si no gusta…
-
“Lo atrevido en un
celoso, lo irracional y lo terco, prueba es de amor que merece la beca de su
colegio”.
-
En serio, no quiero
incomodarla…
-
“Finjamos que soy
feliz, triste pensamiento, un rato; quizá podréis persuadirme, aunque yo sé lo
contrario, que, pues sólo en la aprehensión dicen que estriban los daños, si os
imagináis dichoso, no series tan desdichado”
-
Está en otro nivel
para mí, no logro entenderle a la primera.
-
¿Y para que quiere
usted entenderme? Cuando lo único que por objetivo tengo es seguir teniendo el
tiempo para aprender y conocer, para leer y saber, ya sea en esta época, en el
revivir de la mía, o en la eternidad del olvido. Se te acaba el tiempo Parlero
mío.
-
Tiene razón Juana
Inés, hora de la última caminata…
-
Andando que “para el
alma no hay encierro, ni prisiones que la impidan, porque sólo la aprisionan
las que se forma ella misma”
-
(Campanas de catedral
repicando)
-
Pues aquí acaba el
recorrido Juana Inés, estamos en el templo de la Santísima, una de mis iglesias
favoritas del primer cuadro, data del año de 1755 y fue construida por Lorenzo Rodríguez…
-
Un momento Parlero, no
hacen faltas más detalles, tomemos todo lo que podamos de este momento y
guardémoslo en la memoria.
-
Entiendo.
-
¡Oh Noble y leal
Ciudad de México!... ha sido un verdadero placer recorrer la ciudad con usted,
ver su evolución, sus virtudes y defectos, sus nuevas formas y la excelsitud
con los que ciertos lugares se conservan a pesar del paso de los años. Haga su
pregunta final sin trémulos temores.
-
Juana Inés ¿Qué
finalidad tiene la carta Atenagórica?
-
Ninguna y todas al
mismo tiempo, es el fin, es la crisis de un sermón, es la interpretación humana
de los dogmas, disyuntiva por elección y juego conceptista. Léala, reléala,
saque usted sus conclusiones, que también son válidas y compárelas con la
actualidad.
-
Intentare hacerlo
Juana Inés, le agradezco enormemente la visita y la paciencia con la que ha
atendido esta entrevista.
-
Nada tiene que agradecer
amigo Parlero y muy Lisonjero, para mí ha sido toda una distinción… Nos vemos
cuando llegue su tiempo.
-
Hasta pronto Décima
musa.
-
Hasta pronto ¡Lisonjero!
-
(Bullicio reconocible
de quien ha estado en la calle de Moneda)
-
Cuatro de la tarde,
Sor Juana se ha ido, nos acabamos de despedir en la calle de Moneda, allá va,
perdiéndose entre la gente, feliz… cierro grabación, una parte de mi se ha ido
con ella. No viene al caso hacer más comentarios.
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