Mi último bolero
Mi último bolero
Para mi padre y mi hermano,
por aquellas noches de guitarra.
"Oye, mi último bolero
Que canto con el alma inspirado por ti..."
Voy a empezar por reconocer que, para el título de la presente crónica, me volé el de una de mis canciones favoritas de los "Tres Ases", pienso que Juan Neri y su requinto son lo mejor de lo mejor que ha dado musicalmente esta noble y leal ciudad de México, estén o no de acuerdo. Pensemos en los sonidos que todos los días nos rodean, desde el clásico "Se compran colchones, lavadoras...", pasando por las campanas de catedral o las que anuncian al camión de la basura, el sonido que advierte el cierre de las puertas en el metro, hasta los escapes de recortados, todo es ritmo en la ciudad.
No lo podemos negar, nuestro laberinto de asfalto es música en sí mismo, para alguna monstruosa estridencia, para otro ruido blanco y para unos pocos dulce melodía. Lo cierto es que en sus sonidos habita la memoria de todo lo que fuimos y no hemos sido. Piénsenlo, en los infernales decibeles a los que todos los días nos sometemos e incluso en las frecuencias y umbrales que no somos capaces de detectar, está el paso inevitable de los años. Un organillero es capaz de remontarnos mucho tiempo atrás, un cuarto vacío guarda el eco de las voces que lo habitaron, una canción siempre será la mejor forma de evocar personas, lugares e instantes en los que fuimos felices, o no.
Hablemos de la música en la ciudad, hablemos de bolero, hagamos un viaje en el tiempo a la primera mitad del siglo XX, vayamos juntos a recordar las canciones que se escucharon entre las décadas de los treinta y los cincuenta, les garantizo el exceso y la resaca. Allá ustedes si se lo pierden. El bolero llegó desde Cuba, igual que Cortés, con la diferencia de que el primero tuvo una gran aceptación entre la demografía de la capital, su estilo y forma rápidamente se adueñaron del arrabal, del cabaret, de la noche y de los bohemios de aquel entonces, quienes se engancharon de inmediato al compás de 4/4, a la melancolía, al romanticismo absurdo y la personalidad barroca del bolero, que es, sobre todo, un tipo elegante que espera la opacidad del día para seducirnos con su desventura.
Por razones obvias no me tocó haber nacido en la época de oro del bolero, cuarenta años de retraso en mi nacimiento me separaron de su mejor momento, sin embargo, es como si lo hubiera hecho. Les cuento, la casualidad y el buen gusto musical de mis abuelos hicieron que actualmente conozca todas las canciones de bolero, no les miento, me las sé todas. Mi infancia fue como haber vivido en la urbe de los años cincuenta, la decoración, el modo de pensar, la liturgia religiosa y hasta el modo de vestir que se usaba en la casa de mis abuelos, era de aquella época. Entonces mi yo de escasos cuatro o cinco años escuchaba a través de la radio cada una de las canciones que conformaron el repertorio del bolero mexicano, esto ocurrió debido a que desde muy pequeño mis abuelos tuvieron que cuidarme mientras mis padres trabajaban. Lo recuerdo bien, en un Clock radio modelo 7521A, color rojo, sonaban las estaciones y programas en los que durante buena parte de mi día escuchaba la música de mis antecesores. "El Fonógrafo" "Radio Mil" "Radio Centro" o la “XEW" son algunos de los que vienen a mi memoria. De ahí que en ocasiones cuando suena un bolero, sin saberlo, me lo sé.
Pero dejemos un momento los recuerdos de mi infancia y hablemos del género. Aunque se tienen documentados temas y compositores que podrían ser considerados parte del bolero desde antes de los años treinta, es al "Flaco de oro" a quien se le atribuye la creación del mismo en su advocación mexicana. Quizá si no hubiera ocurrido la muerte prematura de Guty Cárdenas, a quien asesinaron en un pleito al interior de la cantina "Bach", el padre del bolero mexicano sería otro. Pero no fue así. El crédito le corresponde a Don Agustín y nosotros no somos ninguna autoridad musical para desmentir el hecho.
Comienza el viaje. Imagínense una noche de gran farra y parranda en compañía del "Flaco", visitando cabarés, tomando coñac, escuchándolo al piano entre una nube densa de tabaco y de inspiración
"Mujer, mujer divina
Tienes el veneno que fascina en tu mirar
Mujer, que no se olvida,
Tienes vibración de sonatina pasional"
Primero se hicieron las canciones, luego llegaron los intérpretes. Primero los dejaron las mujeres y luego vino la canción. Hagamos de cuenta que lo vivimos, supongamos que vamos de sitio en sitio encontrando a grandes compositores de la altura de Luis Arcaraz y su "Viajera", que la juerga que hemos decidido corrernos nos lleva a coincidir con Gonzalo Curiel en la "Vereda tropical", que María Grever nos muestra un primer intento de "Júrame" o que nos sentamos a la mesa con el "Paisano Jalil" a escribir su inmortal "Falsa"
" Todo lo que soñé era mentira
tu labio ensangrentado me engañó
ya no saldrás del fango de tu vida;
todo en el mundo para ti acabó..."
Pongamos, por ejemplo, que botella en mano nos internamos en la vida nocturna del centro histórico, cantando canciones de Ricardo Palmerín y haciendo un digno homenaje a la generación de Bernardo Couto y sus delirios de ajenjo y opio. Perdámonos entre la oscuridad de una ciudad mal iluminada. Piénsenlo, suéñenlo un momento, entremos juntos al Tívoli, pidan lo que se les antoje, yo pago, luego los invito al Waikiki, dejemos que todo sea exceso, ¿Nos movemos al Bombay? Claro que sí, la noche no acaba, no tiene para que, no hay mañana. Síganme al Barba Azul, abramos otra botella, pidamos más canciones, allá afuera la vida se está filmando en blanco y negro, todos somos amigos de la mala vida, noctívagos de rompe y rasga que escuchan "Mis noches sin ti" en voz de Genaro Salinas, bohemios sin remedio que aspiran la miseria de la existencia en una mesa de cabaret, donde Pedro Vargas aparece para interpretar la "Negra noche", Lupita Palomera nos regala la mejor versión de "Frenesí" y la invencible "Toña la negra", nos remata la velada con "El último adiós". Al final estamos los que pudimos aguantar y para los que soportamos medianamente sobrios, ahora la ciudad es sepia, en sus calles transitan los Lincoln, los Ford B, los Mercury y las Limo. Los toreros del asfalto les dan el pase de pecho entre las vialidades del naciente tráfico. "Bésame mucho" se compone a los diez y seis años de una Consuelo Velázquez que no imagina hasta dónde llegará su canción.
Pensemos en esos años dorados, pensemos en la liga de la decencia y su intento por censurar al bolero, pensemos en los barrios de aquella ciudad que nunca volverá, en la gente, en la moda, en la ideología, en el cine, en sus actores y actrices, caminemos por la calle de 16 de septiembre y su emisora, palpemos la amplitud modulada en el éter, imaginemos encontrarnos en la entrada con Antonio Badú, con Infante, con Luis Aguilar, con Negrete, con Javier Solís o con los tríos que hicieron época mediante la canción romántica. Imaginemos que al terminar nuestra noche bohemia, terminamos en la vieja estación de Indianilla para curarnos la resaca. La náusea y la deshidratación nos llevan hasta un puesto de caldos de gallina donde suena un Gastor tipo 495
"Viajera que vas por cielo y por mar
Dejando en los corazones
Latir de pasión, vibrar de canción
Y luego mil decepciones..."
Acabemos con esta farsa y retomemos la seriedad del relato, el bolero en México maduró y tomó lo mejor de todos los demás géneros musicales de su época, se fue influenciando por el jazz, la música de orquesta, los sones cubanos, los ritmos puertorriqueños y los sonidos locales, pasando así, por una gran variedad de arreglos y formas que le dieron su clásico sonido e inmortalidad. Son años marcados en el país por el regreso de Vasconcelos y su raza cósmica, por la transmisión de radionovelas, por el milagro mexicano auspiciado por la guerra en Europa, son años en que nuestro cine es reconocido internacionalmente por "María candelaria", años en que el escuadrón 201 despega para entrar en combate y las ruinas de Bonampak salen a luz, días en los que se da la creación del Colegio nacional, el partido oficial se transforma en el PRI y en el terreno musical nacen agrupaciones conformadas por tres voces, a las que acompañan guitarras y requinto. En 1942 aparecen los Martínez Gil cantando su "Chacha linda" "Relámpago" y "Mar y cielo" composiciones que le dieron al bolero la forma con la que todos lo recordamos, para luego alcanzar a su punto de mayor esplendor en 1944, año en que surgen "Los Pachos" en la ciudad de Nueva York. El origen de su nombre dio pie a toda clase de relatos que no son del interés de mi crónica, sin embargo, les haremos justicia y diremos que fueron los responsables de llevar al bolero a su máxima expresión, por lo que es razonable mencionar que la alineación conformada por Alfredo Gil, Chucho Navarro y Hernando Avilés, cambiaron para siempre la forma de componer e interpretar el bolero en el mundo.
" Si yo tuviera el corazón
El mismo que perdí;
Si olvidara a la que ayer
Lo destrozó y pudiera amarte...
Me abrazaría a tu ilusión
Para llorar tu amor..."
Los Panchos son el parteaguas, de ahí se vienen todos, los Ases, los Dandys, los Calavera, las Sombras, los Tecolines con su requinto eléctrico, los Tres Caballeros con Chamín, los Diamantes, los Jaibos, los Tres de México. Todos cantando temas de compositores de la talla de Álvaro Carrillo, Rubén Fuentes, Roberto Cantoral, Piloto y Vera, Manuel Esperón, Armando Manzanero y echando mano de intérpretes como la inmensa Eydie Gormé, el genial Cáceres, el lujo de México; Marco Antonio Muñiz, el Caifan mayor; Oscar Chávez, Víctor Iturbe, Gloria Lasso, Tania Libertad, Pepe Jara, Julio Jaramillo, Genaro Salinas o Nicolás Urcelay. Por supuesto que me faltaran mencionar nombres, pero la lista es interminable y ellos son de los que me acuerdo.
Fin del viaje. Desafortunadamente nada es para siempre y el tiempo hizo lo suyo, imparable y sin escrúpulos fue dejando al bolero en el olvido. Luis Miguel me parece el último intento de rescate aceptable, hay algunas versiones en su voz que me gustan. Hoy la música es más simple y vulgar que nunca. Son muy pocos con los que se puede convivir en noche bohemia y cada vez quedan menos intérpretes y compositores que recurren al bolero, Rodrigo de la Cadena hace un gran trabajo en su "Noche, Boleros y Son", pero tengo la impresión de que todo es inútil, no hay nada por fuerte que sea, que pueda permanecer para siempre en la memoria. Aquí se les acaba el veinte lectores, no hay duda, en aquella casa de mis abuelos, los boleros sonaban mejor.
Para terminar, les dejo una lista de diez temas que ojalá les guste;
1. Por si no te vuelvo a ver - Nicolás Urcelay
https://music.youtube.com/watch?v=fmdJTiGHuso&feature=share
2. Falsa - Los tres de México
https://music.youtube.com/watch?v=4Mr6kVx7DHY&feature=share
3. El muñeco de cuerda - Pedro infante
https://music.youtube.com/watch?v=BEQJbcWp5R4&feature=share
4. Viajera - Luis Arcaraz
https://music.youtube.com/watch?v=4XyUzUc4CdQ&feature=share
5. Mi último fracaso - Los tres ases
https://music.youtube.com/watch?v=ZdoSq8ygmgg&feature=share
6. Noche callada - Los huasos quincheros
https://music.youtube.com/watch?v=AqV4wTYpHzE&feature=share
7. Demasiado tarde - Los tres caballeros
https://music.youtube.com/watch?v=dx_ubx0XK44&feature=share
8. Un día - Las sombras
https://music.youtube.com/watch?v=nn4RNvAq4kc&feature=share
9. Uno - Los Panchos
https://music.youtube.com/watch?v=AtiGkzsEVv4&feature=share
10. Ya vivimos - Antonio Prieto
https://music.youtube.com/watch?v=Ao5hEjOtrmc&feature=share
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