Atrapado en el Tiempo

 Atrapado en el Tiempo

“También toda sangre llega al lugar de su quietud”, es todo lo que queda en la mente de Joaquín al intentar recobrar el estado de alerta, abre los ojos con dificultad y de manera borrosa observa un rostro femenino que le mira con calidez al mismo tiempo que una voz desconocida le pregunta:

- ¿Cómo te encuentras muchacho? -

 Joaquín manotea al aire mientras todo le da vueltas y se va nublando su  entorno, varias voces a su alrededor se acercan:

 - ¡Una camilla por favor! -

Joaquín siente su peso elevarse y vuelve a la oscuridad total, el servicio de vigilancia lo traslada a un salón del área administrativa del Museo Nacional de Antropología. Los curiosos y visitantes que hace unos momentos fueron sorprendidos por un estruendo intentan saber qué es lo que ha ocurrido y se amontonan en la puerta de las oficinas, elementos de seguridad salen corriendo mientras personal del sitio anima a los indiscretos a retirarse, el caos se disipa lentamente del área burócrata en medio de preguntas sin respuesta.

Los pies de Joaquín son más ligeros, sus movimientos más livianos, su vista  enrarecida, su agudeza auditiva parece captar el eco de cada rincón del edificio, observa el patio principal del museo y camina hacia el paraguas, toma algo de agua y se moja el cabello, se sacude un poco e intenta recordar:

- Yo estaba bajando…pero luego sentí…debió ser un…- Repasa profundamente y se concentra:

 - ¡Claro! Fue que…-

Lo interrumpe por sorpresa una mano que lo toma del hombro,  Joaquín voltea asustado:

- ¡No puede ser!, ¿Quién eres? -

Una mujer de tés morena y de estatura media le sonríe serenamente, lleva atuendos prehispánicos, un huipil blanco con bordados rojos, collar de conchas marinas y tocado a la usanza mexica:

- ¿Tlaneci? - Pregunta la mujer misteriosa.

Joaquín no responde y la observa sorprendido, da unos pasos hacia atrás y busca alrededor nervioso, la mujer se acerca de nuevo y lo toma de la mano:

- ¿Kenin otimopanolti? - (¿Cómo estás?)

La mujer habla en un idioma que Joaquín reconoce como náhuatl y del cual ha estado tomando algunas clases, el confuso muchacho hace un esfuerzo por recordar sus lecciones y trata de responder en el mismo idioma:

 - Niyectoc cualli - (Estoy bien)

Desorientado y con las piernas temblando alcanza a tartamudear:

 -  ¿Kenin motoka? - (¿Cuál es tu nombre?)

La mujer le responde en náhuatl tras un suspiro:

-  ¡Soy Citlali, tú hermana!, te explico después, vamos, tenemos que regresar  a casa antes de que Mictlantecuhtli nos encuentre, hallé una forma de abrir el portal sin necesidad de la insignia de Quetzalcóatl, además averigüe la manera de elegir el momento al que se prefiera volver -

-  ¿Mictlantecuhtli?, ¿Portal?, ¿De qué estás hablando? -

La mujer lo toma de la mano y sin darle tiempo a reaccionar  lo hace pasar por un destello de luz, segundos después la mujer misteriosa también cruza el destello luminoso y empiezan a caminar de prisa sobre un terreno irregular, Joaquín advierte que a su alrededor ya no están las salas de arqueología, etnografía o el patio principal. Le aterra la idea y se detiene de golpe, ambos caen al suelo y Joaquín pierde el conocimiento de nuevo.

Citlali se apoya en algunos de sus sirvientes que ya la esperaban a las afueras de un pequeño templo para llevar a Joaquín hasta su morada, le permite descansar por unas horas y pasado un rato se acerca al petate donde lo dejó reposando e intenta despertarlo:

- Tlaneci, toma un poco de Xocolatl -

Joaquín lo bebe apenas despierto, pasan unos minutos y recobra borrosamente la conciencia, se incorpora asustado tratando de entender lo que ha sucedido:

- ¿Kanin ye nika? (¿Dónde estoy?) - Pregunta Joaquín hablando en náhuatl sin habérselo propuesto.

- ¡Esta es tu casa! - Le responde Citlali.

- No es cierto, ¿Dónde estamos? -

- ¡Pues en Tenochtitlán!, ¿Qué te ocurre Tlaneci? -

- ¿Cómo llegue aquí? -

- Un par de sirvientes  me ayudaron a buscarte y devolverte a casa, ¿No recuerdas nada? -

- No entiendo nada, ¿Es una broma? -

 - ¿Broma? ¡No!, hace días que te buscamos -

Joaquín se sienta en el piso y no entiende lo que está pasando; de acuerdo a las personas que lo rodean  está en un presente que no le corresponde, él lo sabe, pero parece que los demás no. Es como un sueño del que no ha podido despertar. Su último pensamiento lucido lo recuerda bajando las escaleras de la sala náhuatl mientras repasaba en su mente, “También toda sangre llega al lugar de su quietud”, se tranquiliza y le pide a Citlali que lo deje solo un momento, ella y los sirvientes acceden y se retiran de la habitación:

 - ¿Qué mala broma es esta? -

Trata de hacer memoria y recupera imágenes de la pelea que tuvo con su padrastro en la mañana antes de salir hacia el museo:

 - ¡Ya recuerdo!…-

Joaquín había salido de su casa muy disgustado tras haber reñido con su padrastro, un alcohólico innecesario para la sociedad que había golpeado a su madre de nuevo, ella llevaba años tolerando la ofensa y resignándose a una frase que Joaquín detestó desde que la escuchó por primera vez: “Fue lo que Dios me envió y debo estar agradecida”.

Tras el altercado recuerda haber estado en varios lugares para luego  continuar con el plan de acudir a su rincón favorito de la ciudad, recobrar la calma y celebrar:

- Vaya manera de festejar mi cumpleaños número veintiuno, primero lo de mamá, ahora esto… -

Joaquín se incorpora, se observa vestido de manera diferente, inspecciona la habitación, trata de entender. Su corazón ha dejado de latir rápido,  se propone saber lo que está ocurriendo, le parece demasiado para una burla y llama a la mujer que se dijo su hermana.

- ¡Citlali! -

La mujer entra en la habitación y le pregunta si se encuentra bien, Joaquín afirma y le pide que lo escuche:

- Citlali, hueltiuhtli (hermana), el golpe que sufrí debió haber afectado mi memoria, te pido que me cuentes todo acerca de mí -

Citlali accede extrañada:

- Está bien Tlaneci… -

La conversación se torna larga y pasan varias horas hablando. Los sirvientes entran  en un par de ocasiones al recinto para llevarles comida, agua y cobijas, Joaquín escucha atentamente el relato y de esta forma se entera de que se encuentra  en el corazón del imperio Mexica, que está al mando de las fuerzas armadas del poniente de la ciudad y que su rango de Tlacatécatl le permite contacto de primera mano  con  la nobleza, además de que él y su hermana viven en el barrio de Cuepopan y que ante el rumor de la llegada de extranjeros a las costas, toda la ciudad se está preparando para una probable guerra. Joaquín  deduce  que el año en curso debe ser mil quinientos diez y nueve:

- Llévame a ver la ciudad - Le pide a Citlali.

Ella acepta y se internan en las calles de la gran urbe, Joaquín no se percata de que es él y no Citlali quien decide el rumbo. Recorre la ciudad saludando de manera tímida a extraños que al parecer le conocen muy bien pues le abrazan con gentileza y le felicitan por haber regresado.

- Esto es un sueño cumplido, ojalá me pudiera quedar aquí para siempre -

 Visitan los barrios, los templos, los mercados, las plazas, los canales, las chinampas y  de manera casi premeditada llegan  ante el Coatepetl. Joaquín  lo contempla y sin mayor reparo lo comienza a subir, ya en la cima detiene su andar debido a un fuerte dolor de cabeza que lo obliga a sentarse, Citlali alarmada corre para ayudarlo mientras el hombre se desvanece. De nuevo ha perdido el conocimiento.

Durante su ausencia mental Joaquín tiene varias visiones subconscientes de gente que no conoce, pero que le mira con ternura, observa varios paisajes y a un par de niños jugando; luego una escena sangrienta. Su cuerpo se convulsiona y en una de las visiones Ehécatl Quetzalcóatl le habla con voz de mando mientras sopla sobre su pecho:

- Tienes una nueva oportunidad, ¡No falles esta vez! -

Tras estas palabras Joaquín despierta de inmediato. Se encuentra recostado en un petate, el olor a copalquáhuitl le satura el olfato, se incorpora confuso y por su mente miles de recuerdos empiezan a desfilar, ve a sus padres y a su familia Mexica, recuerda como fueron asesinados en una de las guerras contra los Tlaxcaltecas. Su mente se libera, en el techo de manera ondulante sus hermanos le saludan desde una imagen que se desvanece.

Ahora todo está claro. Sabe perfectamente quien es, donde nació, quienes fueron sus padres y sus hermanos, que fue de su infancia y que es lo que tiene que hacer, es consciente de su vida como Tlaneci; pero ha olvidado su existencia como Joaquín.

-o-

- ¿Ya viene el médico?- Pregunta uno de los guardias del museo.

- Va entrando - Le responden mientras el cuerpo de Joaquín yace inmóvil en un sofá.

 - ¡Rápido! -

A los pocos segundos ingresan un par de paramédicos que inmediatamente intentan ayudar a Joaquín. Lo revisan y detectan que se encuentra inconsciente, respira y su ritmo cardiaco es normal, sin embargo no responde a estímulos verbales ni dolorosos. Deciden trasladarlo a la unidad médica para su mejor atención:

- Comuníquense con la familia, en esta cartera debe haber algún teléfono -

El guardia toma la cartera y busca dentro de ella, encuentra la identificación escolar y el teléfono de emergencia:

- ¿Si?, ¿por favor con la señora Alma Atonal? -

- Ella habla -

- Señora, Hablamos del Museo Nacional de Antropología, para avisarle que su hijo, Joaquín Álvarez Atonal sufrió un percance el día de hoy en nuestras instalaciones -

 Silencio a ambos lados de la línea:

- Lo están trasladando en este momento al Hospital General -

Silencio de nuevo:

-¡Bueno!, ¿Señora Atonal? ¿Bueno?-

Se escucha el fin de la llamada:

- ¡Es Joaquín!, Voy al hospital - Le dice Alma a su madre; una anciana de noventa y cuatro años de edad que apenas si contestó con un gesto de su mano derecha y que permaneció mirando desde la ventana hacia la plaza de las tres culturas impotente, víctima de su edad y enfermedades.

Alma baja a toda prisa las escaleras y corre entre los pasillos de la unidad habitacional Nonoalco Tlatelolco, deja atrás el teatro María Rojo, atraviesa el jardín de la paz y en la calle de Ricardo Flores Magón aborda el primer taxi que encuentra, este la conduce hasta la entrada de urgencias del Hospital General en la colonia Doctores. El acceso se dificulta por la gran cantidad de puestos ambulantes invadiendo aceras y calles, al llegar se acerca a la ventanilla de informes y pregunta por Joaquín:

- En un momento le darán información. Pase por favor -

Alma recorre la desolada sala de urgencias,  a su alrededor observa un ambiente devastador, la sala se parece más a un pabellón de heridos de guerra olvidados a su propia suerte que a un hospital moderno. Identifica el consultorio que le indicaron y toca la puerta.

 - Adelante - Contesta el doctor Namorado Mendoza.

Alma abre la puerta y es invitada a tomar asiento:

- ¿Es usted la madre de Joaquín Álvarez Atonal?-

- Si doctor -

- Señora; su hijo acaba de llegar auxiliado por el equipo de paramédicos, lamento decirle que… -

-o-

Tlaneci solicita hablar con Motecuhzoma. Se dirige al  Cihuacóatl para poder entrevistarse con el Tlatoani:

- Ten cuidado con lo que deseas Tlaneci. Puede volverse realidad - Replica el Cihuacóatl.

Tlaneci sonríe con desdén. El Cihuacóatl lo mira detenidamente:

- Has estado inquieto desde la muerte de tu familia Tlaneci. Debes serenar tu alma y dejarte guiar por el flujo sagrado. Recuerda también que toda sangre llega al lugar de su quietud, pero solo si esa sangre se deja llevar en el fluir sabio de la vida -

Tlaneci vuelve a sonreír maliciosamente.

El Cihuacóatl le pide que lo acompañe, lo conducirá directo con Motecuhzoma. El también quiere verlo. Ambos caminan a través de un pasillo largo del palacio de Axayacatl donde se encuentra el Tlatoani meditando, llegan a una habitación oscura y el Cihuacóatl con la cara inclinada solicita permiso para ingresar; Motecuhzoma se lo niega:

- Quédate donde estas Cihuacóatl, ¿Traes a Tlaneci?-

- Así es mi Señor -

- Hazlo pasar y retírate con todos los hombres y mujeres que estén en el palacio -

- Mi Señor; si me permitiera -

 - ¡Que te retires ahora! -

El sacerdote obedece y deja a Tlaneci a la entrada de la habitación de aquel palacio:

- Entra soldado - Desde el fondo de la oscura habitación ordena Motecuhzoma.

Tlaneci da un paso adelante y bajando ligeramente la mirada se dirige hacia al  Tlatoani, este hace lo mismo y estando a menos de un metro le cuestiona a su jefe militar:

- ¿Encontraste el portal Tlaneci?, ¿Pudiste abrirlo?, todos te dimos por muerto… -

- Sí mi Señor. Está a las orillas del cerro del Chapulín, pude entrar y hablar con el viajero  Ehécatl Quetzalcóatl. Me instruyó en el uso de la insignia y del portal; me advirtió que sólo lo puede traspasar una persona a la vez después de haberlo invocado e insistió mucho en este punto, recalcó que el portal tiene una entrada pero dos salidas, me habló de las armas que necesitamos para derrotar a los extranjeros, me pidió que volviera para el próximo Tóxcatl y que respetara religiosamente las reglas del portal -

- Pagaras con tu vida, si todo lo que me has contado es mentira Tlaneci -

Tlaneci saca del interior de su atuendo militar la insignia de Quetzalcóatl que Motecuhzoma le había confiado días atrás y se la ofrece al Tlatoani:

- Puedes verlo con tus propios ojos si así lo deseas, yo mismo te conduciré al portal -

- Está bien Tlaneci, confió en ti, son estos sueños que me atormentan los que no me han dejado salir de la habitación, en fin, por ahora hay algo más importante, los extranjeros han desembarcado un par de ocasiones y se tienen noticias en varios de los señoríos acerca de su fuerza, necesito que acudas a su encuentro y me informes de todo lo que sucede. He escuchado historias increíbles sobre esas personas; esto es lo que harás mientras esperamos la llegada del Tóxcatl para regresar al portal -

- Así lo hare mi Señor -

-o-

-… Su hijo se encuentra en estado de coma - Comenta de forma muy seria el doctor Namorado.

- ¿Cómo es posible?, ¿Qué ocurrió? -

- Al parecer cayó de las escaleras en el Museo Nacional de Antropología, sufrió traumatismo craneoencefálico severo -

- ¿Se recuperara doctor? -

- Por el momento su diagnóstico es grave, tenemos que esperar a que responda al tratamiento que le hemos iniciado -

Alma sale llorando del consultorio y es conducida hasta la cama donde se encuentra Joaquín, se sienta a su lado y guarda silencio. No puede creer que exactamente hoy, catorce de Junio, cumpleaños número veintiuno de Joaquín, esté ocurriendo esto. Tal vez fue el coraje que sintió al ver a su padrastro golpearla, tal vez fue que salió de casa muy aprisa y sin tomar alimento alguno, tal vez lo hizo a propósito. Alma se propone teorías cada vez más absurdas para dar explicación al accidente, se culpa, culpa a los demás también. Sale del área de hospitalización y se resguarda en la capilla, hace oración, pierde la fe. Vuelve al lado de Joaquín, el tiempo es ajeno a su persona.

Para Alma han pasado varios días en los que sólo ha dejado el hospital para salir a comer, ha descuidado su hogar, su vestimenta, su aseo personal y peor aún, cuando por fin regrese a su domicilio, se enterara de que su marido habrá huido llevándose los pocos ahorros con los que Alma contaba, leerá la nota de despedida sobre el comedor: “Me da miedo vivir”, bajará la mirada y deseará corregir tantas cosas, se sentirá miserablemente sola.

-o-

Tlaneci recibe la orden de dirigirse al encuentro de los extranjeros para observarlos de cerca, deberá tomar nota de todo cuanto vea y escuche, se compromete a informarlo de inmediato,  prepara su viaje y se despide de Citlali. Irá acompañado solo de un par de guerreros Ocelotl y unas cuantas armas, todos viajaran disfrazados. Por la mañana salen hacia el rumbo de Tezcuco y tras varios días llegan a las cercanías de la costa, se han internado en una selva densa y engañosa, difícil de sortear hasta para los habitantes de esos territorios; se detienen en varios pueblos y preguntan sobre el paradero de los extranjeros, todos apuntan a la costa:

-  Vienen en enormes casas capaces de flotar, suben y bajan de bestias enormes, usan ropas que reflejan el sol y matan con palos humeantes que causan gran destrucción –

El comentario es idéntico en cada nativo y pueblo de la costa que había tenido contacto con aquellos hombres.

Tlaneci se arma de valor y prosigue su camino guiado por las señales de los lugareños. Finalmente, ya estando en la costa, distingue a lo lejos las casas flotantes. Las vigila por un par de días, nota muy poco movimiento,  no alcanza a distinguir lo que pasa y cuando están por tomar la decisión de retirarse, descubre a los extranjeros descendiendo de sus casas flotantes y abordar canoas para luego remar hacia la playa. Tlaneci y sus acompañantes apuran a esconderse entre la maleza selvática, los extranjeros que llegan a tierra firme son unos cincuenta hombres. El Tlacatécatl de más confianza del tlatoani está sorprendido al ver las bestias mitad hombre mitad animal, le impresionan los trajes de aquellos guerreros y se impacienta por  ver los palos humeantes en combate.

Tlaneci y su diminuta guardia siguen a los extranjeros sin que estos adviertan su presencia, los invasores llegan hasta un poblado en las cercanías del rio Tabscoob donde se encuentran con habitantes de la zona, éstos no quieren extraños en sus tierras, así que  unos  doscientos guerreros indígenas salen al encuentro de los forasteros y los reciben de manera hostil, están dispuestos a expulsarlos.

Tlaneci observa tan cerca como puede sin ser descubierto, la batalla se inicia con los cientos de guerreros nativos corriendo hacia el enemigo, sin embargo, los extranjeros a la voz de ¡Espíritu santo! hacen explotar sus palos humeantes y varios guerreros indígenas caen totalmente ensangrentados y mutilados. Nueva descarga; otra parte del ejército indígena se desmorona al instante. Tlaneci observa como la ofensiva nativa ni siquiera ha podido acercarse a cincuenta metros de los extranjeros. Tercera descarga; los infortunados combatientes oriundos de aquellas tierras huyen aterrados por el poder de las armas de sus enemigos. Se rinden. Tlaneci ha contemplado la masacre, está absorto y muerto de miedo por dentro, debe volver de inmediato a Tenochtitlán.

- Nuestra única esperanza es el portal –

-o-

Tras varios días de malas noticias, el cuerpo de Joaquín esta debilitándose y no responde a la medicación administrada. Son las once de la mañana y la enfermera en turno sale de prisa para buscar al doctor Namorado. La frecuencia cardiaca de Joaquín está en niveles muy bajos, una segunda enfermera le pide a Alma que por favor deje el cubículo y salga al pasillo de espera, Alma alcanza a ver a varios médicos rodear la cama de Joaquín. Están tratando de revertir el paro cardiorespiratorio en el que ha caído su hijo, se dirige de nuevo a la capilla y pasan varios minutos antes de que pueda incorporarse, termina por hacerlo al escuchar la voz de una enfermera:

- Señora Alma, por favor acompáñeme, el doctor Namorado quiere hablar con usted -

Atraviesan el hospital entre un ambiente de sobrepoblación, escases de material y abandono gubernamental. Llegan al consultorio donde es invitada a pasar de inmediato:

- Pase por favor, tengo noticias -

- ¡Por Dios doctor, dígame que todo está bien! -

- Señora; Joaquín… -

-o-

Tlaneci regresa a la ciudad lo más pronto que sus pies se lo permiten. Al entrar, se dirige inmediatamente a buscar a Motecuhzoma, el Cihuacóatl le señala el Coatepetl y lo sube a toda prisa. El jefe militar Mexica entra al recinto y ve al Tlatoani meditando:

- ¡Mi Señor! -

- ¿Tienes noticias soldado? -

- Sí mi Señor; traigo malas nuevas -

- ¡Habla ahora mismo! -

- ¡He visto al ejército extranjero! Aproximadamente unos cincuenta hombres; ¡Vencieron sin sufrir una sola baja a  unos doscientos guerreros nativos de la costa! -

- ¿Sin una sola baja?, ¿Cómo fue eso posible?, ¿Estaban los nativos dormidos? -

- ¡Los tubos humeantes Señor!, ¡No tenemos oportunidad contra ellos!

Motecuhzoma se pone de pie y mirando con furia a Tlaneci lo arrincona contra la pared:

- ¿Qué sugieres que hagamos? -

- ¡Evitar que entren a la ciudad mi Señor!, debemos evitar que vengan a Tenochtitlán hasta que podamos volver al portal -

- Muy bien Tlaneci, tu entraras al portal para pedir ayuda; yo y los Tequihuas nos encargaremos de la resistencia si es necesaria -

- Está bien mi Señor -

A la semana siguiente Motecuhzoma le da la orden a Tlaneci de ir en busca del portal y entrar para traer lo necesario que les ayude a derrotar a los extraños, el Tlatoani se reúne con los jefes militares y con el Cihuacóatl, explica la situación y el plan a realizar. Ante el resto de  la nobleza y el pueblo la orden será la de revisar las condiciones del acueducto y planear una defensa del mismo ante un posible sitio de la ciudad.

Durante el inicio de las festividades sagradas Tlaneci, un Tlacoquemecatl  y un grupo de guerreros Ocelotl  del ejército Mexica inician su caminata hacia el cerro del Chapulín, no dicen palabra alguna durante el recorrido. Tlaneci al frente de grupo ubica perfectamente la grieta donde encontró el acceso al portal, esta se encuentra debajo de un pequeño Teocalli dedicado a Quetzalcóatl y a Mictlantecutli que se mantenía casi en el olvido. Durante el camino, el Tlacatécatl piensa en lo poderosos que son los extranjeros, concluye que la quietud está muy lejos de alcanzarse en su alma y los maldice, al acercase al lugar tiene el presentimiento de que su vida está a punto de cambiar, indica a su comitiva la grieta y de inmediato el Tlacoquemecatl pretende adelantar el paso:

- ¡Detente!- Dice en voz alta Tlaneci.

- Seré yo quien entre al portal - Le responde el mando militar sublevado.

- De ninguna manera, tú no conoces las reglas ni sabes invocarlo -

Comienzan a forcejear por el control de la insignia sagrada y el resto del grupo intenta calmarlos, la gresca es interrumpida por un destello de luz que viene desde la grieta, todos la miran atónitos y nerviosos, el Tlacoquemecatl que antes intentó golpear a su superior pretende correr hacia la luz entendiendo que el portal está abierto, Tlaneci se lanza a su espalda,  ruedan por la grieta  y entran al portal de manera involuntaria. Esta vez el viajero Ehécatl Quetzalcóatl no aparece, Tlaneci sabe que acaban de ofender a los dioses;  Mictlantecuhtli hace su aparición, los observa y con voz ronca les hace saber:

- ¡Dos mortales están aquí al mismo tiempo, eso quiere decir han violado el portal sagrado! –

Lo que fue luz se torna oscuridad mientras la voz de la deidad mitológica agrega:

- Recibirán su castigo invasores, ¡Los condeno a una eternidad de soles fallidos! -

Tlaneci despavorido desconoce el paradero de su agresor mientras ve varios momentos de su vida alrededor de sí mismo, sus manos están cambiando, se está quedando dormido, no puede evitar la oscuridad y sentirse sumergido en un líquido desconocido; ahora todo es calma para él.  

El resto del grupo se mira confundido y observa el haz de luz aumentar de tamaño:

- ¿Entramos?- Se cuestionan los soldados Mexicas dudando por un momento:

 - Sí, entramos -

Los soldados Mexicas dan un salto dentro del portal, este reacciona de forma violenta y de manera instantánea pierde su luz. En la ciudad Motecuhzoma no tiene noticias de su comitiva desde hace días, todos los han dado por muertos y están buscándolos. Los extranjeros continúan su avance tierra adentro.

-o-

El pequeño Joaquín acaba de nacer, aun no puede ver ni saber lo que está pasando, apenas distingue sombras difusas. Sus padres, Alma Atonal y Fernando Álvarez están felices por su llegada. Vivirán en un departamento de la colonia Tacuba donde pasaran tres años antes de que Alma y Fernando decidan divorciarse; Fernando partirá a los Estados Unidos y morirá acribillado por la patrulla fronteriza, nadie reclamara su cuerpo porqué nadie sabrá de su muerte. Alma se volverá a casar  con un contador público que será amable con ella y con Joaquín durante un tiempo, pero al verse involucrado en un fraude empresarial y perder todo su patrimonio se rendirá al alcoholismo y comenzara la violencia para Alma, cambiaran su domicilio a la unidad habitacional de Tlatelolco donde la vida no será mejor, tendrán que soportar un terremoto y perder en el mismo a familiares, amigos y vecinos cercanos.

Hoy es diferente. Después de tantos años Joaquín se ha levantado con una corazonada:

- Hoy cambiara mi vida -

Es su cumpleaños número veintiuno y piensa pasarlo en el museo de Antropología, puesto que es su lugar favorito y le apetece una mañana en compañía de todas esas cosas que le causan una nostalgia muy agradable.

El buen estado de ánimo de Joaquín es interrumpido por los gritos de su madre en la sala, acude rápido y encuentra a su padrastro golpeándola; no lo duda y tras años de tolerarlo se le va encima, su padrastro al estar ebrio es presa fácil de Joaquín y recibe una gran cantidad de golpes, como puede el cobarde esposo de Alma huye del departamento. Joaquín auxilia a su madre y sale también del domicilio alterado, piensa en seguirlo y darle fin para siempre, luego recuerda que cuando se fuga de casa pasan hasta quince días sin saber de él, no le preocupa de momento su regreso, tampoco quiere ver a su madre, le molesta su actitud sumisa.

Enfurecido se lanza a las calles a caminar, deambula varias cuadras sin rumbo fijo, enciende un cigarrillo tras otro, toma sus alimentos en  una fonda de la colonia  Guerrero, se tranquiliza un poco y se dirige al museo como lo tenía planeado, aborda el metro en la estación Garibaldi y tras varios cambios de línea sin sentido llega a la estación Auditorio, al salir del metro camina por Reforma deteniéndose a contemplar cada fotografía de la exposición de las rejas de Chapultepec; tomas aéreas de diferentes paisajes del país ilustran a los capitalinos la vida fuera de la metrópoli.

Llega caminando al monolito de Tláloc, enciende de nuevo un cigarrillo, lo fuma con calma y observa a unos concheros danzando frente a la fuente de la entrada principal, termina de fumar y se dispone a entrar al recinto, justo cuando pasa al grupo de concheros nota que estos lo señalan con emoción, no le da importancia e ingresa al museo, recorre las salas de arqueología, se toma una foto junto a la representación de Mictlantecuhtli y al instante siente una nausea intensa que le obliga a buscar el sanitario más cercano para vomitar, ya recuperado desciende a la tumba de Pakal, contempla la maqueta del centro de Tenochtitlán, un sentimiento extraño le recorre el cuerpo. Sube a las salas de etnografía y pasa largo rato mezclado entre los ambientes recreados. Ahora está más calmado.

Decide bajar al patio central, su visita ha terminado en la sala náhuatl, sale de ella y comienza a bajar las escaleras. Piensa que las cosas en su hogar no mejoraran pronto, no puede evitar sentir rencor hacia su padrastro y lo maldice al tiempo que recuerda “También toda sangre llega al lugar de su quietud”, frase grabada en una de las paredes del museo. De pronto nota un pequeño resplandor en una de las esquinas de la escalera que desciende, se acerca lentamente y percibe la presencia de alguien a su espalda, escucha algunas palabras en náhuatl y al voltear alcanza a distinguir una figura femenina y el casco de un guerrero jaguar:

- ¡Dejen de estar molestando! -

Al pronunciar estas palabras recibe un empujón que solo le da tiempo  de sujetar a su agresor, ambos caen en el interior del resplandor mientras una voz femenina lamenta el hecho:

- ¡Ceccan amo! - (¡Juntos no!)

Joaquín apenas distingue una ligera iluminación a su alrededor y un esqueleto enorme sentado frente a él; de su agresor en el museo no sabe nada ni escucha a nadie más acompañándolo. El esqueleto lo descubre y se acerca lentamente señalándolo con el índice:

- ¡De nuevo tu Tlaneci!, sé que Ehécatl Quetzalcóatl ha mandado por ti, él piensa que te perdonare pero no es así; lo escrito, escrito está y no puede ser cambiado. Te permitiré regresar cuantas veces quieras, pero no cambiaras nada hasta que entiendas; que la quietud del alma se logra desde el corazón y no desde la rabia -

Aterrado Joaquín escucha la voz del esqueleto descomunal que le habla en náhuatl y en un tono no muy amigable. Una fuerte explosión interrumpe la quietud del museo y alerta a los guardias y visitantes, el resplandor expele un cuerpo y después se contrae rápidamente; Joaquín ha quedado tirado en el descanso de la escalera que baja de la sala náhuatl al patio principal del museo.

-o-

-…Su hijo ha despertado, hace unos momentos recobró el estado de alerta - dice el doctor Namorado.

La cara de Alma se ilumina.

- Sin embrago no todo son buenas noticias, ha despertado hablando un dialecto que hemos identificado como náhuatl; no reconoce a nadie y está muy inquieto, puede ser algo pasajero o puede ser permanente, sólo el tiempo lo dirá - 

Alma rompe en  llanto mientras la tarde cae en la habitación ciento  cuarenta y seis del Hospital General de la Ciudad de México, desde donde Tlaneci grita en su idioma:

 - ¡Chontalli! - (¡Extranjeros!) -

Nadie lo entiende en idioma y en comportamiento; por tal motivo lo mantendrán en observación durante más tiempo. Al siguiente día el doctor Namorado informa a Alma sobre el supuesto  escape de su hijo:

- Por la mañana me informaron que durante la madrugada un grupo de hombres vestidos con atuendo extraño y comandados por una mujer irrumpieron en el hospital; liberaron a Joaquín que parecía conocerlos muy bien y se lo llevaron, creemos que son amigos de su hijo, pero desconocemos los motivos. Él se tranquilizó mucho al verlos según me han comentado; mire en este video de las cámaras de seguridad, se puede observar perfectamente cuando Joaquín  abandona el edificio sin oponer resistencia a los extraños hombres que lo acompañaban-

Esa será la última vez que Alma verá y sabrá sobre Joaquín.

-o-

Tlaneci no podrá volver a tiempo para detener a los extranjeros, tendrá problemas para abrir el portal y  para cuando regrese la conquista habrá sido consumada y terminará siendo esclavo de un tal Alonso de Ávila. Le bautizarán como Joaquín Atonal y la última vez que se le verá será días después de que su hermana Citlali muriera a consecuencia de los castigos físicos de los conquistadores. Lo recordaran caminando hacia la ciudad de los Dioses lleno de rabia con el pretexto de bajar al inframundo para volverlo a intentar.

-o-

De Joaquín, el hijo de Alma Atonal; no se tendrá de nuevo registro alguno en la memoria de la ciudad. Algunos habitantes de Acolman jurarán haberlo visto en compañía de concheros y una mujer caminando hacia Teotihuacán. Alma lo buscara infructuosamente por un tiempo, luego se rendirá para siempre y partirá al exilio a su natal Tula.

Cada catorce de Junio los guardias del Museo Nacional de Antropología escuchan estruendos en el interior del patio principal, algunos dicen que es posible ver figuras humanas corriendo por los pasillos; resonando conchas una y otra vez.

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