Finales Alternativos
Finales Alternativos
Pertenezco a una generación, a la que afortunadamente todavía le tocó ver las películas de la época del cine de oro mexicano, época que se inicia en el muy lejano año de mil novecientos treinta y seis y que va a terminar más o menos a la mitad de la década de los cincuenta, aunque dependiendo de a quien leamos y de la fuente consultada, estas fechas pueden variar y en realidad no importa tanto la exactitud de las mismas, pues lo relevante, es que en esa época se rodaron en nuestro país varias películas que merecen ser vistas una y otra vez y que de alguna manera marcaron para siempre su contexto y tiempo, razón por la cual no debemos dejar que su memoria se pierda.
Hablo de cintas llenas de un no sé qué muy particular, que son capaces de llevarnos al pasado, lo mismo por la calidad de los directores de ese entonces, como Luis Buñuel, “El Indio” Fernández, mi tío Don Ismael Rodríguez, el gran Roberto Gavaldón o Julio Bracho, que por los actores que participaron en ellas, Pedrito, obvio, Negrete, La “Doña”, aunque esta última no es de todo mi agrado, Cantinflas, Elsa Aguirre, Pedro Armendáriz, Miroslava, Sarita García, Silvia Pinal, Tin Tan, Arturo de Córdoba, López Tarso, los Soler, Luis Aguilar, Joaquín Pardave, Abel Salazar, Pina Pellicer, Dolores de Rio, Víctor Manuel Mendoza, Antonio Badú, Oscar pulido, Blanca de Castejón (¡buenos días pescaditos!), Oscar Ortiz de Pinedo, Sarita Montiel, Lilia Prado, Ninón, Mapy, Yolanda Varela, etcétera, etcétera, etcétera… porque la lista podría seguir por largo rato, pero mi relato en definitiva, no es un paseo por la farándula de ese entonces, más bien es un reclamo a los desenlaces, un reclamo que me permitiré explicar más adelante.
Entremos en materia, recuerdo muy bien la televisión de bulbos en casa de mis abuelos, donde en blanco y negro me sentaba en compañía de alguno de ellos para ver los filmes de los que les estoy hablando, imaginen el lugar, sala de iluminación lúgubre, alfombra verde que según recuerdo, tenía el dibujo de la piedra del sol, muebles de madera realizados a mano por mi abuelo, lámparas de mesita que se prendían al tocarlas y que cambiaban de intensidad según las veces que uno las tocara, y que además ¡No se fundían! por más que lo intentara en mis años de infancia, adornos de porcelana que estaban terminantemente prohibidos y que sin duda alguna, pertenecieron a algún emperador Chino, tal afirmación la deduzco por el grado tajante del castigo que nos esperaba, si nos atrevíamos a jugar con ellos, cantina labrada en madera en una esquina de la sala donde se guardaban “coquitas” de vidrio que nos servían para el final de las tandas de penaltis que se celebraban en el patio, teléfono que estoy seguro perteneció a la familia de Don José Yves Limantour, porque la verdad, sí estaba bien barroco el teléfono aquel.
Ya empecé a divagar, pero es vital que aproveche la oportunidad de libertad literaria y que además ya han pasado varios años, para confesar, que cierta ocasión en que me valieron madre las amenazas de mi abuela, me puse a jugar con los muñequitos de porcelana de ojos rasgados mientras nadie me observaba, dando como resultado lo elemental, rompí un chingado monito de porcelana sin querer, o eso me gusta pensar, me asusté mucho porque ya sabía lo que me pasaría en caso de ser descubierto, así que fiel a mi personalidad, actué sagazmente y sin que nadie me viera, coloqué las piezas que se salvaron en su lugar, luego tomé los pedacitos del crimen y corrí hecho la "mocha" hasta la azotea, donde lancé al pobre monito de porcelana mutilado hacia el patio vecino, que funcionaba como almacén de chatarra y donde mi secreto fue pulverizado. Me lo imagino por varios días en el fondo de los desperdicios metálicos refrescándome la memoria, claro que no era para menos, haber navegado en la Nao de la China para llegar hasta casa de mis abuelos no es un tema menor.
Bueno, ahora que la culpa no me corroe más, puedo seguir con lo que les quería contar, pues fue en esa sala donde recuerdo haber visto las películas a las que siempre les quise cambiar el final, porque no me gustaba lo que el director y el guionista habían hecho, porque me caía gordo algún personaje o porque me resultaba divertido inventarme finales distintos, así que sin intenciones de recibir un Ariel o un Oso negro por mis adaptaciones, hare un par de menciones de mi visión cinematográfica de aquel entonces, ¡Hágame usted el favor de leer!.
Vamos barajándola despacio, por ejemplo, es muy injusto que maten a la abuela de los García o ¿no?, la verdad es que no lo merecía y considero como alta, ¡Alta traición! que la abuela sea baleada por el bandolero de León López, por lo que en primicia, les traigo mi final alternativo para la saga de los “Tres García”, en donde según mi niño de aquel entonces, las cosas terminan así; Luis Antonio se queda con Lupita (tiene música), para luego contraer sífilis, pues ya sabemos de las costumbres de Luis Antonio, y lo siento, pero no admito discusión alguna en este punto lector, pues Lupita (tiene música) es uno de los personajes que más mal me caen de todo el cine nacional, por lo que no insista ni trate de cambiar mi opinión, mejor continuemos, Luis Manuel se va para la ciudad y nada de que se casa con Juan Simón López, en cambio, se tira a la perdición por no haberse podido casar con Lupita (tiene música), que como repito, era nefasta, al grado que Luis Manuel termina cometiendo suicidio en referencia a Manuel Acuña, a quien se atrevió a robarle un poema para enamorar a la prima, ¡Vaya familia!. Pero aquí no termina, pues cerca del final, José Luis muere por amargado a manos de León López, pero más que nada, por andar leyendo filosofía barata, a su vez, León López muere a manos de la abuela, que resulta ser la única persona coherente del argumento. A pesar de todo.
Bueno, ya ven por donde van las cosas, entonces les daré otro ejemplo, esta vez con una de de mis películas favoritas, “Días de otoño”, donde según lo plasmado por el encargado del guion, las vicisitudes ocasionan que la protagonista, que para colmo, también se llama Luisa, se ande inventando toda una vida, hijo y hasta esposo para encajar en su trabajo y con tal de no hacerle caso a Don Albino, que es interpretado por el inmortal López Tarso, quizá Luisa sabía que no podía formar un hogar con el hombre que soñaba en comerse por sí solo un guajolote o con el hombre que había sido capaz de comprar un muñeco de ventriloquia pensando que era un niño, pobre “Mudito”, el punto es que Luisa prefirió andar vestida y alborotada por todo el barrio de Tacubaya para seguirle contando a sus amigas historias que jamás le ocurrieron, visitar al ginecólogo para fingir un embarazo, andar paseando un niño imaginario por el bosque de Chapultepec y hasta endeudarse comprando cuna, ropa y enseres para un hijo que jamás nació… ya se, el personaje es mucho más que una vulgar mitómana, por lo que en reconocimiento a su gran actuación y debido a que es una de mis actrices preferidas, en mi final alternativo de esta cinta propongo algo simple, boda entre los protagonistas inmediatamente después de la triste escena final donde Pina Pellicer habla de la esperanza. Por cierto, si no ha visto la película, no lo posponga más.
Les cuento otra, “Los Olvidados”, ¡Pinche “Jaibo”!, que sin duda es uno de los personajes mejor logrados de todo el cine mexicano, y es por lo mismo que debemos de reconocer el gran trabajo de Roberto Cobo en su papel de gandallita de barrio, aunque en esta ocasión diré que el final alternativo si llegó, pues es bien sabido que en plataformas podemos encontrar la conclusión alterna para esta monumental cinta, en donde Pedro mata al “Jaibo” y regresa al colegio sin enfrentar a la ley. Gran película que además de contar una historia fuera del guion romántico de las rancheras que se solían filmar, nos muestra de forma cruda y sin filtros, una urbe de los años cincuenta. Me gusta pensar que esa era la fisionomía de la ciudad de cuando mis abuelos llegaron a formar parte de ella.
Vamos por una más, ¿Recuerdan “Salón México”?, para los que la vieron les pregunto; ¿No merecía Mercedes la oportunidad de aspirar a la felicidad? Pues bien, después de todos los esfuerzos que hizo por Beatriz, yo creo que sí. Pero en cambio el guion termina con la muerte de la “Fichera” y de su “Caifan” en una vecindad cercana al Salón México de aquel barrio citadino de los años cuarenta. No estoy de acuerdo, no lo estuve desde la primera vez la que la vi, y es por eso que en el final que he pensado para esta joyita, ¡Claro que Miguel Inclán se queda con Marga López! después de rifarse la madriza de su vida con el padrote “Paco”, interpretado por Rodolfo Acosta. Si usted quiere ver un clásico del cine mexicano, no se pierda esta “Peli”.
La lista de mis finales decadentes podría seguir, pero terminaría aburriéndolos y exponiendo la integridad de mi salud mental, así que para finalizar, dejare aquí algunas preguntas para que se reflexione acerca del tema y vayan a buscar las referencias a las que hare mención; Primero, ¿Cómo le fue al buen “Audifaz” en su faceta de vagabundo? el final nos deja esa enorme duda. Segundo, ¿Qué fue del ladrón de joyas que mató a Víctor Valdés?, sí, ese que se encajaba alambritos en las encías para abrir cajas fuertes, ¿Cumplió su condena? O es que la corrupción del poder judicial mexicano argumentó faltas al debido proceso y lo dejaron en libertad, me carcome la duda. Tercero, ¿De qué demonios se trata “El Ángel exterminador?, véanla y explíquenme por favor, porque a pesar de que he leído varios intentos de elucidación, todavía no les termino de creer, incluso he llegado a cavilar al respecto y muy a tono y al estilo de su director, caminando solo por el centro y subiendo al campanario de catedral, para hacer un acto filosófico sobre el argumento, justo como en la película “Él”, que interpreta el mismísimo Arturo de Córdova, en fin. Cuarto, ¿Para dónde se fugaron el “Tarruña” y la "Pachita” después de acabar con el “Parientico”?, “Pueblo, canto y esperanza” nos deja esa gran interrogante y por tal motivo, aquí sí considero necesaria una secuela para ver a Roberto Cañedo perseguir, encontrar y acabar a los asesinos del “Parientico”. Por ultimo quisiera agregar una duda más, aunque ya sé que no pertenece oficialmente a la época de oro, pero nunca se han puesto usted a pensar si ¿El “Estilos” busco a Paloma después de regresarle el caballito de madera? ¡Caray! Nunca lo sabremos…
Lo que si sabemos, es que del tiempo en que veía cintas en blanco y negro en compañía de mis abuelos no queda nada, y cada que termino de ver una película de esa época, también veo a mi abuelo levantarse de su sofá, apagar la tele, ir despacio hacia la radio roja, sintonizar el fonógrafo o la radionovela, sentarse en su cama a arreglar su cajón, darme un puñado de dulces mientras en la cocina se escucha la licuadora, en el patio los canarios y en el consultorio la pieza de mano, “Son las dos de la tarde, ya casi llegan por mí”.
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