Más mentira que de costumbre
Más mentira que de costumbre
Al detective privado 3.1416 Torruco Delgado, no le importó nunca que sus “colegas” lo consideraran un charlatán, primero, porque él siempre supo que los detectives privados terminarían en el archivo muerto, lo mismo que los organilleros, los afiladores y la gente amable, así que practicar una profesión en vías de desparecer, no era su mayor preocupación, segundo, porque la fe inquebrantable que tenía en su formación autodidacta no tenia límites, y tercero, porque aunque en su nombre no cabía la menor seriedad posible, había conseguido resolver por lo menos tres casos de los considerados de “ligas mayores”, que le habían abierto las puertas de la amistad con un par de diputados federales, además, esta vez, era personal.
Para fines prácticos lo llamaremos simplemente, π Torruco.
Como todo hombre meticuloso para algunas cuestiones y olvidadizo para otras, π Torruco tenía predilecciones extraordinarias, acostumbraba su desayuno en compañía de una taza de café negro sin azúcar, dos capsulas de ajo y un cigarro mentolado, leía los diarios de nota roja y recortaba los titulares que más le llamaban la atención, tomaba una ducha de agua fría y usaba loción Hugo Boss de imitación, camisa percudida por el tiempo, traje de segunda mano confeccionado en Macazaga, calcetines Donelli, calzado Borceguí reparado en varias ocasiones y cabello peinado con Wildroot. Todo un personaje, que religiosamente salía de su oficina cercana a la plaza de Loreto, a las 09:30 am, momento en el que encendía su séptimo cigarro y caminaba por la ciudad, dejando su peculiar rastro de olor a ajo, naftalina, loción y tabaco mentolado.
Sus 56 años no le impedían ser ágil de pensamiento, y por eso la mañana que leyó el aviso en la versión amarillista de su diario favorito, reconoció de inmediato el rostro de la mujer de su vida, la mujer que lo ayudó en sus horas más oscuras, la compañera que se fue una tarde de octubre y de la cual nunca volvió a saber nada, hasta el día que encontró su fotografía en la sección de personas desaparecidas. Para π Torruco fue una extraña coincidencia, ya que la reaparición inesperada de su gran amor, justo en los días en los que había estado pensando en la jubilación y el retiro, fue como si la vida lo hubiera puesto una última vez a prueba. No lo pudo creer, leyó y repasó la nota en varias ocasiones para asegurarse que no estaba equivocado, comparó la fotografía del periódico con los retratos que había guardado hasta que se convenció, recortó el aviso y lo guardo en su vieja cartera, se miró al espejo roto del baño y decidió resolver el caso, encontrarla y hacerle la lista de preguntas que tenía preparada para ella desde el día de su partida.
π Torruco tragó saliva y se preparó para llegar hasta las últimas consecuencias.
La primera pista lo llevó a ciudad Nezahualcóyotl, lugar donde la vieron por última vez según lo redactado en la nota, por lo que el detective se dirigió sagazmente hasta dicha locación y una vez en la avenida López Mateos esquina con “Le Borde”, estuvo largo rato tratando de obtener más información, con foto en mano preguntó por ella, lo mismo a peatones que a choferes, moto taxis y malvivientes, pero nadie le dio información relevante, no se dio por vencido, camino unas cuadras observando atentamente su entorno hasta que en un puesto de periódicos le dieron santo y seña, de acuerdo a lo que el voceador le dijo, la dama de la fotografía solía trabajar de noche, lo sabía porque el mismo la había contratado un par de ocasiones, π Torruco le tomó por la camisa y le juró hacerlo pedazos si descubría una mentira, el vendedor miró firmemente al detective y se quitó las manos de encima, arrancó un pedazo de un tiraje viejo y escribió la dirección de un hotel de paso, quizás ahí le podrían dar más información. El investigador encendió uno de sus mentolados preferidos, le dio un par de bocanadas ásperas antes de retirarse y le dejó su tarjeta de presentación al informante: Detective Privado π Torruco Delgado, Especialista en homicidios.
Al llegar a la dirección, nuestro detective bizarro fue precavido, alquiló una habitación para inspeccionar el lugar y poder leer entre líneas el funcionamiento mundano. Al entrar le ofrecieron los servicios de varias mujeres, escogió a la mayor de todas, pues intuyó que sería quien llevaría más tiempo metida en el ambiente y en consecuencia la más apta para revelar información. Una vez en la habitación π Torruco fue directo, mostro la foto e hizo preguntas incisivas, la “Matildona” se puso nerviosa y trató de salir del cuarto, él se lo impidió, optó por ser amable y en vez de amenazarla le rogo por ayuda, le ofreció dinero y fue entonces que su acompañante acepto hablar, no sin antes advertirle que en esos aposentos, las paredes oían y decían, él tomó el reto y le pidió saber todo lo que conociera, la información fue breve pero precisa, la mujer de la fotografía trabajó en ese lugar, o más bien, lo dirigió en colaboración con su pareja, π Torruco apretó el puño y sus ojos se llenaron de lagrimas, bajó la mirada y no volvió a saber de si, pues un fuerte golpe en la nuca lo neutralizó.
Al día siguiente, el detective en vías de extinción amaneció en el basurero, sin zapatos y con varios golpes en toda su humanidad, los pepenadores de la zona lo encontraron y ayudaron, le sanaron algunas de las heridas y como pudo se traslado hasta su departamento, donde se curó el orgullo bebiendo directo de la botella de ron y golpeando varias veces la pared, se emborrachó de tristeza y de impotencia, se lavó el alma en alcohol y dejó que la tarde le consumiera. A base de pesadillas, recobro la orientación, metió la mano en el saco buscando cigarros y encontró un número de teléfono anotado en el empaque de cerillos que se había guardo en el hotel de paso, sin pensarlo y aun harapiento, salió al teléfono público más cercano, depositó el “veinte” y preguntó:
¿Saben algo de Marcela Roldan?
La respuesta fue nula, una respiración al otro lado del teléfono guardo silencio y le colgaron.
π Torruco corrió de vuelta a su oficina, buscó el directorio telefónico entre un universo de cajas y tiliches, un inmenso inventario de pertenencias que por sí solas podrían haber contado la historia del investigador, removió caja por caja hasta que lo encontró, pasó de pagina en pagina tratando de localizar más datos sobre el teléfono que le había sido proporcionado de forma misteriosa, tarea nada fácil, porque en el directorio se solía buscar en base al apellido de la persona, no por el número telefónico. Al cabo de un rato dio con el clavo, el teléfono pertenecía a un tal José María Rodríguez, pero la tarea estaba a la mitad, caviló por un instante y fue que recordó al diputado Maciel, lo llamó y le pidió el favor de su vida, al cabo de un rato obtuvo lo deseado: Sur 28 no. 34, Colonia Agrícola Oriental… sin titubear y sin importarle nada salió de inmediato a buscar la dirección, tomó un libre y le dio el destino, tuvo el presentimiento de que estaba cerca, también tuvo la sensación de estar avanzando sin retorno posible. Después de dar varias vueltas, el taxista finalmente dio con la calle y numero, π Torruco pagó y bajó a toda prisa del Tsuru verde que lo condujo hasta el borde final de la interrogante, inspeccionó la calle y planteó posibles rutas de escape, la verdad era que la suerte estaba echada, nervioso llamó a la puerta, no recibió respuesta, se asomó entre el zaguán y la pared y gritó:
¡Buenas tardes!
Sin respuesta, entonces saco un juego de llaves y las usó para tocar con más fuerza, finalmente un hombre de avanzada edad le respondió desde el interior, abrió la puerta y lo primero que le señaló al inteligente de π Torruco fue el timbre, el detective se sintió estúpido, pero se repuso rápidamente de la humillación y fue al grano.
El hombre resultó ser el párroco de la colonia y afirmó tener información sobre Marcela Roldan, pero se negó rotundamente a llevarlo con ella, principalmente porque él mismo no sabía su paradero y porque conocía el peligro inmediato de intentar buscarla, sin embargo, ella acudía a la iglesia donde él oficiaba, por lo que el padre le prometió hacerle una cita y le pidió una dirección de contacto, π Torruco sacó su tarjeta de presentación y se la entrego al párroco. Ambos se despidieron y el investigador regresó a pie, todo le pareció sospechoso, todo era más mentira que de costumbre.
La indicación del sacerdote era no volver a pisar sus rumbos, él lo contactaría y de ninguna manera deberían volver a verse. Los días pasaron y nada, la ansiedad se apoderó de π Torruco, que no probo bocado ni durmió, no le fue posible con tanto demonios rondándole, días en que su cuerpo aprendió a sacar nutrientes del ron y la nicotina en exceso, días en que perdió la cuenta de la espera, en que perdió la esperanza y maldijo todo y a todos, días en que se encontró en la más absoluta soledad, hasta que un sobre apareció por debajo de la puerta, moribundo se apresuró a levantarlo y abrirlo:
“Ella te esperara el viernes en el mirador de la torre Latinoamericana, 08:00 pm”
Tras los días de la derrota y sin miedo, el detective privado se arregló con su mejor traje, por si las dudas se colgó al pecho su Walther PPK y salió en dirección a la torre, pagó su boleto al mirador y abordó el ascensor de su destino, 44 pisos lo separaban de la verdad. Al llegar eran las 07:57 pm, peinó el sitio pero no encontró nada fuera de lo normal, se paró en el borde del mirador y contempló el oriente de la ciudad, 08:15 pm y nada, π Torruco se impaciento y creyó haber sido víctima de un engaño pero de inmediato una mano lo tomó del hombro y lo saludó amablemente, era ella.
Finalmente el desengaño ocurrió.
El detective 3.1416 Torruco Delgado, bajó de la torre a las 09:05 pm, con el nudo en la garganta más grande que jamás había sentido, fumó largamente y anduvo errante. Hubiese deseado jamás haberla encontrado, aunque la nota en el diario fue la manera de ella para encontrarlo a él, hubiese deseado jamás haberla conocido, jamás haberle dirigido palabra, jamás haberla mirado. Esa misma madrugada, π Torruco hizo las maletas y desapareció para siempre de la urbe, su oficina se convirtió en una accesoria y sus cosas terminaron en el basurero, justo donde la búsqueda se reveló.
😱😵💫
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