Álter Ego

 

Álter Ego

 

“Al amigo imaginario o fantasma de mi infancia,

Que luego fue el responsable

de que tuviera hermanos”

 

-          Muy apreciable audiencia lectora, gracias por estar aquí, me enorgullece hacerles saber que, en atención a su valiosa asistencia, haremos un relato de amor, sí, de amor, un relato que nos lleve hasta las lágrimas, cursi hasta no poder más y para eso he preparado un… –

 

-          ¡Si, que tal! Buenas noches, aquí, en la cuarta fila, no, no, por acá –

 

-          ¿Disculpe?

 

-          Sí, perdón, primera vez que me atrevo a interrumpirlo - 

 

-          ¿Perdón, como le puedo ayudar?

 

-          ¿Sabía usted qué la palabra cursi tiene su origen en Cádiz?

 

-          No entiendo -

 

-          Sí, la palabra cursi, se lo digo –

 

-          No quiero ser grosero, pero esto no es una mesa de opiniones, es un cuento -

 

-          Dos segundos y ya, lo comento rápido, Kursi en transliteración a caracteres latinos significa silla.

 

-          Muy bien, pero déjeme seguir adelante con el relato –

 

-          Un momento nada más, esto es interesante, el término evolucionó por analogías hacia los campos semánticos de cátedra, ciencia, sabio, pedante o de mal gusto –

 

-          Claro, claro, bien, le agradezco la participación –

 

-          Bueno, es que me pareció oportuno, pero continúe, por favor –

 

-          Gracias (en tono tímido y despistado) Como les decía, nuestros protagonistas se conocieron el en parque México, por allá de la década de los setenta, él…-

 

-          ¡Qué Curioso! mis padres se conocieron en la plaza de la Cibeles, no en el parque México, digo a unas cuadras ¿Qué curioso no? –

 

-          Sí, sí ¿Cómo dice que usted se llama? –

 

-          No lo sé, soy tu Álter Ego, dímelo tu –

 

-          Vale, no tiene la menor importancia – (léase con voz de Arturo de Córdova)

 

-          ¿Qué no tiene la menor importancia? entonces no tendría importancia en el relato si los protagonistas se hubieran conocido en el parque México, en la alameda norte o en el tianguis de la lagunilla –

 

-          Vera, sí la tiene, pero debo avanzar en el relato para que entiendan el contexto –

 

-          Ya veo, bien, muy bien, sólo quiero decir que el parque de la fuente de la Cibeles, fue inaugurado en mil novecientos ochenta y por eso, claro, no puede ser el lugar donde se conocieron sus personajes –

 

-          En eso si tiene razón, porque el parque México se inauguró en el veintisiete y la obra estuvo a cargo del Arquitecto José Luis Cuevas, pero eso no es relevante en este cuento cursi. No me desvíe del tema, déjeme continuar –

 

-          Adelante, usted es el narrador, tiene todo el derecho, ofrezco una disculpa a la audiencia –

 

-          Gracias, en fin, él pasaba por su enamorada en la calle de Salamanca a las cinco de la tarde, para cortejarla de una manera dulce, decirle palabras lindas y llevarla a caminar, siempre con un ramo de rosas y una caja de chocolates, tocaba el timbre puntual y se alistaba para ser recibido por…-

 

-          Disculpe de nuevo, Yo, por aquí, cuarta fila –

 

-          ¿Otra vez usted, qué quiere?

 

-          Perdón, perdón, es que la calle de salamanca tiene una historia de terror que no podemos omitir por ningún motivo –

 

-          ¡Ah! ¿sí? – (llevándose las manos al rostro)

 

-          ¿No recuerda la historia de Felícitas Sánchez Aguillón?

 

-          Ah Caray, Felícitas, mmmm, no me suena, déjeme pensar… No oiga –

 

-          Seguro que sí “la trituradora de angelitos”, caso sonadísimo, hubo periodicazo y la policía la agarró en el cuarenta y uno, pobres de todos los bebés que cayeron en sus manos, imagínese, descuartizarlos y luego tirar sus restos al alcantarillado, no bueno –

 

-          Este… sí, perdón, creo que su historia le quita lo cursi y romántico a mi cuento –

 

-          Y tiene toda la razón, dejemos que los lectores investiguen el horrible caso por su cuenta, prosiga, prosiga –

 

-          Gracias... cuando su novia salía a la puerta se daban un beso, luego pasaban a la sala y el ritual de saludo a los futuros suegros era solemne, saludo de mano, buenas tardes, es un placer verlos de nuevo, ligera reverencia para estar ad hoc con las costumbres ultra conservadoras y católicas de aquella casa –

 

-          Ultra conservadoras, que concepto tan importante para la historia de México –

 

-          ¡Óigame, esto ya es burla! –

 

-          En lo más mínimo, mire usted, Miguel Miramón fue conservador y gran militar de su tiempo, él no vivía cerca del parque México, porque de acuerdo a lo que dijimos, no se había fundado en tiempos de Don Miguel y oiga usted, que decir de su esposa, Doña “Conchita Lombardo” –

 

-          ¡Todo eso está muy bien! pero este relato pretende ser de amor incondicional y no una clase de Historia de México –

 

-          Por eso amigo mío ¿acaso no sabe usted, de cómo viajo Doña Conchita Lombardo a ponerse de rodillas ante el mismísimo Presidente Juárez para que le perdonara la vida a Miramón? Creo que eso es más romántico que los chocolates que su tal por cual le llevaba a su fulana de tal, o ¿Qué piensa usted? –

 

-          Si, bueno, aunque…

 

-          Porque no me va a negar que en esa época todo era mucho más romántico –

 

-          ¿Me esta diciendo que mi relato no es lo suficientemente romántico?

 

-          Así es, eso es lo que estoy diciendo –

 

-          Mire nada mas ¿Por qué no continua usted?

 

-          Nunca podría, le ofrezco mis más sinceras disculpas y le pido que tenga la bondad de seguir con su relato –

 

-          Mil gracias ¿Dónde me quede? Ok, sí, el amor que le profesaba él a ella no tenía ninguna comparación y …

 

-          ¿Me creería si le digo que el amor no existe?

 

-          ¡Puta madre! A ver, vamos por partes, por su puesto que el amor existe –

 

-          No haga usted un coraje mayúsculo, le expongo mi punto, el amor no es otra cosa que una reacción química, la liberación de neurotransmisores y otras reacciones biológicas nos conducen al estado de “enamoramiento” (léase apendejamiento), sin embargo, tarde o temprano estas reacciones y sustancias se agotan –

 

-          ¿Y luego que pasa, el amor acaba? (no hay plagio, por favor)

 

-          No necesariamente, lo que usted llama amor requiere de una simbiosis y una meta común clara para poder seguir existiendo, pero oiga, esto no es una clase de biología ni de desarrollo humano, yo solo decía por aportar –

 

-          Mire amigo, le ruego que me deje continuar, los lectores están esperando por identificarse con finales felices, personajes exitosos e historias extraordinarias, hechos que sean capaces de sacarlos de la miserable realidad en la que vivimos –

 

-          Suena usted a Bukowski –

 

-          ¡No sueno a nada ni a nadie! ¿es mucho pedir que me deje seguir adelante con este laberinto de amor irrepetible?

 

-           Ahora suena muy Borges, digo, por eso del laberinto, pero no hay duda de que sólo lo he estado interrumpiendo, procurare callarme y escuchar –

 

-          ¡Gracias Dios mío!

 

-          ¡Eso sí que no! si usted va a continuar, debemos partir de la premisa de que Dios no existe (esto si el plagio) de otra forma es ridículo –

 

-          ¡No lo decía literalmente! –

 

-          Menos mal, porque a punto estaba de largarme de aquí y dejar de ser su Álter Ego, ante tal falacia expiatoria de incredulidad –

 

-          ¡Se calla o lo calló! – (ya furioso y remangándose la camisa)

 

-          Dele buen hombre, cuente pues su cuento cursi, y cálmese, que bien sabe que  la violencia es para intelectos de bajo promedio –

 

-          ¿Sabe qué? No, no le voy a dar el gusto, ni a usted, ni a las expectativas generales. Termino mi cuento ¡y me marcho! Pues sí, sepan que la costumbre de llevarle chocolates a diario a la novia, la llevaron a padecer una diabetes de tal descontrol, que a los 47 años le tuvieron que amputar el pie izquierdo, además nunca entendió y fue a dar al hospital varias veces por cetoacidosis, sin contar con las múltiples sesiones de diálisis e infecciones del catéter renal, eso ¡eso! es lo que usted quería ¿no? ¡un final fatalista! ¿no es así? –

 

-          Se equivoca, yo sólo quería y era mi intención participar con datitos relevantes, echarle un poquito de sal “pa” que sepa –

 

-          Datitos relevantes ¡mis huevos! –

 

-          Ahora usted será el que continúe este relato –

 

-          La verdad no, me reservo todo el derecho de emitir una opinión más –

 

-          ¡Váyase al demonio!

 

-          Vámonos querrá usted decir –

 

-          Hijo de la… Vámonos pues… -

 

-          Au revoir…

 

 

 

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