Cantos Y Ruegos (Primer Exilio)

 

Cantos Y Ruegos (Primer Exilio)

En los años de estudiante caminé la ciudad por varios rumbos y utilizando varios medios de transporte, ser peatón tiene sus ventajas y francamente extraño serlo, me resulta fastidioso estar atrapado en el tráfico y no poder utilizar ese tiempo para algo más que estar pendiente de la luz del semáforo, de la palanca de velocidades, del freno y del acelerador, considero esta espera cómo la derrota final del intelecto humano, dando por hecho claro, que tal cosa exista.

En fin, en uno de tantos cuatrimestres, el metrobús me llevaba de la estación 18 de marzo en el norte de la ciudad, hasta la estación Ayuntamiento, en el sur, largo recorrido desde la zona industrial y que me sumergía por toda la avenida de los Insurgentes, no exagero, cuando digo toda la avenida, es de verdad toda, Vallejo, Peralvillo, Santa María, Buenavista, Juárez, Roma, Condesa, Nápoles, Noche Buena, San Ángel, Ciudad Universitaria, Perisur y San Fernando, para por fin llegar al hospital de Neurología, donde tomaba clases.

Usualmente aprovechaba el trayecto para estudiar o leer alguna novela, pero fue en uno de estos interminables recorridos, donde un par de saltimbanquis me llevaron a través del tiempo con un relato milenario, que yo recuerde, fue algo así:

-          ¡Herederos de esta tierra! nuestros desnudos pies naturales han sido arremetidos por el suelo aun hirviente, tenemos que darle prisa a este paso de escape para no ser aniquilados. -

-          ¡Querida ciudad! te quedas atrás, no hay posible rescate. -

-          ¡La ceniza perturba el aire y lo envenena! como presagio primigenio de uno de los males del que no podremos liberarnos! -

-          ¡La temperatura en el ambiente resquebraja nuestros ojos! –

-          El infierno en que el hogar se ha convertido, llaga nuestra ahora inservible piel. –

-          Varios de nosotros han quedado tendidos en el camino. -  

-          ¡Los dioses nos han dado la espalda! son ellos mismos los que nos obligan a dejar este sitio sagrado. -

-          ¿Qué será de nosotros? -

-          ¿Dónde encontraremos un nuevo hogar? -

-          Los campos cultivados han sido devastados implacablemente, el maíz y el chile, nuestras amadas semillas, ahora humean en el aire, convirtiendo esta tierra en un lamento interminable. -  

-          ¡El fuego! el mismo que nos dio calor y abrigo, ahora no distingue entre la clase gobernante, religiosa o trabajadora. –

-          ¡Su divino poder se ha llevado todo! los hogares, las historias de los abuelos, los recuerdos, el origen. -

-          Madre… ¿Qué castigo nos manda el dios del fuego? -

-          ¿Qué porvenir le espera a este pueblo? ¿Hacia dónde se fue el alma de Padre viejo? –

-          ¿Acaso ha sido devorado por las llamas subterráneas en el intento de persuadir a los dioses de su hambre de aniquilación? –

-          ¡Hermanos, las familias se han dividido! ¿Qué será de nuestros hijos? –

-          ¿Qué nueva tierra trabajaremos para ellos? -

-          ¿En dónde encontraremos un lugar para calmar nuestra hambre y cansancio? -

-          ¿Quién cuidara de los huérfanos y los viejos?

-          ¡Oh destino divino!

-          La mayoría de sobrevivientes recorreremos el camino del norte sin saber de sitio alguno para levantar un nuevo hogar. -  

-          ¡los sabios hablan de la ciudad de los dioses para pedir refugio! -

-          Los guerreros dicen que son enemigos y que debemos seguir caminando hacia las montañas. –

-          Otros ya se han internado en los caminos que conducen a la densidad selvática de la que nuestros abuelos nos contaron. –

-          ¿Seremos dignos de habitar una ciudad de dioses? el tiempo lo dirá. –

-          ¡Ya la memoria está perdida!

-          Segundo presagio para las generaciones venideras. –

-          Nuestra ascendencia aniquilada quedara en el olvido ¡No seremos más! -

-          ¡Querida ciudad! tu gran templo circular ha quedado sepultado. –

-          La vida y todo su significado se ha quedado atrás, no importa ya la dirección que tomemos… -  

-          ¡No somos más de aquí, no somos más de ninguna parte! –

-          Seremos los que estuvimos y fuimos exiliados, ultimo presagio de la gran civilización abrasada por la furia del señor humeante. -

-          ¡No nos daremos por vencidos! La evocación de nuestro último aliento permanecerá sembrada, bajo una nueva ciudad que no despertará de su tragedia, que vera morir a sus hijos una y otra vez, por la naturaleza misma, por el encuentro entre razas, por sus propios habitantes y por la furia de sus gobernantes. –

-          ¡Se ha terminado! nuestra única elección es caminar, caminar lejos de los restos de esta basta ciudad de Cuicuilco… –

El silencio después de terminado el relato lo rompió el anuncio de  “próxima estación”, sólo ocurrió una vez y nunca volví a ver a los portadores de este mensaje en el tiempo, quizás tuvieron que migrar a otra línea de metrobús en busca de civilización inteligente, quizás se perdieron en la urbe, víctimas de los presagios a los que vivimos felizmente atados, o quizás mi memoria me engañe y yo a ustedes.

 

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